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Gossipsábado, 31 de agosto de 2019

La tinga, olvidada | El Rincón de Zalacaín

La “Tinga”, ese peculiar guiso con apellido, “tinga poblana”, reconocido al menos por escrito desde 1877 en “La Cocinera Poblana” de Narciso Bassols

Jesús Manuel Hernández

Quizá, contaba el aventurero Zalacaín, haber formado parte de una larga lista de recetas poblanas le haya restado brillantez a la tinga, formada así, en medio de la brega, de la competición y del sazón casero.

Zalacaín releyó de las anotaciones familiares las recetas entresacadas de finales del Siglo XIX:

Zalacaín había probado una sola vez en su vida esa tinga de pollo con sardinas, el sabor no era malo, pero en su niñez la tinga era de cerdo no de pollo, de ahí la ausencia en su alimentación posterior.

Había otra tinga en el recetario: “Se hace lo mismo que la anterior, con la diferencia que la carne ha de ser de puerco bien frita, y con trozos de longaniza, se adorna con lechuga, rábanos bien adornados, aguacate y queso añejo por encima”.

La mezcla del cerdo y la longaniza sin duda era más agradable al paladar de los poblanos tan acostumbrados a esas carnes y en clarísimo apego al refrán: “tres cosas come el poblano, cerdo, cochino y marrano”.

Una variación de esta última receta consistía en freír primero cebolla, ajos y chilpotles y se agregaba después la carne de cerdo y la longaniza.

En todos los casos, la receta no lo decía, se deshebraba la carne o del pollo o del cerdo.

Cómo olvidar esos platones o cazuelas planas de barro conteniendo la tinga familiar, de cerdo, donde según la ocasión se comía como entada o como plato principal, en tacos o en tortas o simplemente para acompañar el primer mezcal del día.

elrincondezalacain@gmail.com

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