Opinión / La hermosura de mi madre
Pero, ¿por qué se muere mamá? ¿Es que no era eterna, como Dios? ¡No tiene derecho a dejarnos así! Su deber era estar con nosotros siempre. ¡Siempre!
Mamá… Sólo hasta entonces existe verdaderamente. Como Jesús en la aldea de Emaús, se da a conocer a los suyos desapareciendo.
Pero quiero hablar también del rostro de mamá. Pasados algunos años de su muerte, sólo podemos evocarlo con la ayuda de una foto. ¿Cómo era ella en realidad? ¿A quién se parecía? Sus rasgos se nos escapan.
¿Puede alguien haber vivido durante años y años con un ser y luego no recordarlo con nitidez? Sí, es posible.
Me imagino la siguiente escena: un pintor nos ofrece sus servicios para hacer un retrato de mamá y nos pregunta al tomar el pincel:
-¿Cómo era ella? ¿Podría describirla detalladamente?
Quiere que hagamos de ella un retrato hablado para luego plasmarlo él en su tela. Sin embargo, por más que nos esforzamos nos es imposible tal descripcion.
-Era muy bella.
Eso es todo lo que decimos. Explicarle al pintor por qué era tan bella, es algo que escapa a nuestras posibilidades. La memoria humana es un fracaso.
¡Memoria, memoria, que dejas escapar lo que más querías!...
















