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Actualmente, donde la demanda de poder computacional crece exponencialmente y la eficiencia energética se ha vuelto crucial, Microsoft ha dado un paso hacia una era donde la inteligencia artificial (IA) podría operar con una velocidad hasta cien veces mayor y un consumo energético notablemente más bajo. La compañía de Redmond, Washington, Estados Unidos, ha desarrollado una computadora óptica analógica (AOC, por sus siglas en inglés) que utiliza luz en lugar de electricidad para procesar información.
Un pequeño equipo de investigación de Microsoft tenía objetivos elevados cuando se propuso hace cuatro años crear una computadora óptica analógica que usara la luz como medio para resolver problemas complejos. Desde el principio, querían construirla por medio de piezas disponibles a nivel comercial (luces micro-LED, lentes ópticas y sensores de cámaras de teléfonos inteligentes) para que fuera asequible y, más tarde, posible de fabricar con las cadenas de suministro existentes.
Este avance tecnológico, publicado en la prestigiosa revista Nature apenas el 3 de septiembre de 2025, constituye un prototipo completamente nuevo en el mundo de la computación. Toda vez que las computadoras tradicionales han alcanzado límites físicos en términos de miniaturización y eficiencia energética, la computación óptica abre un horizonte de posibilidades que parecían exclusivas de la ciencia ficción.
Una manera de dimensionar la magnitud de este avance es recordar cómo funcionan las computadoras tradicionales, las que desde siempre han seguido una arquitectura en la que la memoria (donde se guardan los datos) y el procesador (donde se realizan los cálculos) son componentes separados, dando forma a una congestión inevitable: la información tiene que viajar constantemente de un lado a otro, lo que consume tiempo y una enorme cantidad de energía.
Este proyecto presentado por Microsoft omite este estrangulamiento, ya que realiza los cálculos directamente en el lugar donde se almacenan los datos, eliminando ese trasiego constante. Y lo más relevante reside en cómo “piensa”: en lugar de usar el sistema binario de unos y ceros que ha definido la era digital, este dispositivo utiliza la intensidad de la luz. Es como si, en vez de un interruptor que está encendido o apagado, un regulador de luz puede adoptar infinitos niveles de brillo. Dichas variaciones de intensidad lumínica son las que le permiten realizar cálculos complejos de una forma fluida y eficiente.
Dicho en otros términos, esta tecnología aprovecha diferentes intensidades de luz para realizar operaciones matemáticas complejas como suma y multiplicación, eliminando muchas de las limitaciones inherentes a la computación electrónica. Los fotones no generan calor de la misma manera que los electrones, lo que significa que el sistema puede operar de manera más eficiente energéticamente. Y como valor agregado, la luz puede procesarse en paralelo de manera natural, permitiendo que múltiples cálculos ocurran simultáneamente sin interferencia mutua.
Esta computadora ya ofreció una solución efectiva demostrando su valía en el mundo real. En una colaboración con el banco Barclays, Microsoft utilizó su AOC para resolver un problema financiero de enorme complejidad conocido como “entrega contra pago”, esto es, optimizar la liquidación de deudas entre múltiples entidades para minimizar riesgos y costes, un rompecabezas logístico que la computadora de luz resolvió con una eficiencia excepcional.
Por otro lado, los beneficios en la medicina son altamente prometedores. Los investigadores crearon un “gemelo digital” del sistema para reconstruir datos de resonancias magnéticas. Estos resultados sugieren que se podrían reducir los tiempos de escaneo de los actuales 30 minutos a tan solo cinco, representando no solo una mejora de la comodidad, sino que significaría multiplicar por seis el número de pacientes que un hospital puede atender cada día, revolucionando el diagnóstico médico.
Sin duda, la evolución de la computación óptica está orientada hacia la inteligencia artificial, ya que los actuales modelos de lenguaje, que procesan miles de millones de parámetros, demandan grandes cantidades de energía. En Microsoft consideran que la arquitectura óptica podría gestionar tareas de razonamiento como el seguimiento de estados (”state tracking”), de una manera mucho más eficiente. De entrada, el prototipo actual puede manejar 256 parámetros, pero el avance de la miniaturización de micro-LEDs abre la puerta a procesar millones o miles de millones en la próxima generación de estos sistemas.
Indudablemente, en un escenario globalizado donde la información es poder y la velocidad de procesamiento determina ventajas competitivas, Microsoft se convierte en punta de lanza con la herramienta que definirá la próxima década de innovación tecnológica. La pregunta ya no es si la computación óptica transformará nuestro mundo, sino cuán rápidamente podremos adaptarnos a las posibilidades extraordinarias que ofrece.