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Uno de los delitos con mayor incidencia en los últimos años en nuestro país es el robo a peatones en la vía pública, cajeros automáticos o en el transporte público, poniendo en evidencia un incremento alarmante de inseguridad y es tan relevante que del 27 de febrero al 28 de abril de 2023, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) realizó la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2023, en 2022, el INEGI estimó que 10.5 millones de hogares (27.4 % del total del país) tuvieron, al menos, una o uno de sus integrantes como víctima del delito.
Adicionalmente, las víctimas de los robos en la calle o el transporte público señalaron que el objeto más robado fue el dinero, las tarjetas de crédito y los cheques (67.6%), seguidos de los teléfonos celulares (54.4%) y, en tercer puesto, las identificaciones y documentos (12%), a este respecto, donde parece que existe mayor posibilidad de intervención gubernamental es con respecto al robo de celulares; la teoría de las subculturas delictivas (Cloward & Olhin, 1955) señala que el delito es posible porque existe un respaldo de la comunidad hacia el mismo que se puede observar, por ejemplo, en la existencia de mercados informales en donde las personas acuden para comprar objetos de segunda mano, sin cuestionar o importar su procedencia.
Y es que, es tan frecuente el robo de celulares a transeúntes, que la mayoría de ellos terminan en talleres de reparación donde son desbloqueados para luego sin problema alguno venderlos a bajo costo en esos mismos lugares o en redes sociales como teléfonos de segunda, sin importar el verdadero costo del equipo celular, también pueden ser enviados a otros países, como China, para ser desmantelados y sus partes utilizadas.
En este contexto y en el caso específico de los IPhone, según una investigación del Financial Times, el destino final de miles de iPhones robados y donde los desmontan hasta el último tornillo, es una habitación donde comerciantes con fajos de billetes negociando en pasillos estrechos, y un edificio gris que se convierte en hormiguero humano cuando cae la noche, esta es la realidad diaria de la torre Feiyang en Shenzhen (China), reconocido como el epicentro mundial del mercado negro de iPhone robados, donde estos equipos reciben una segunda vida.
Como ya fue señalado, muchos iPhones robados en diferentes partes del mundo, como Estados Unidos, Brasil, Francia o Europa, son rastreados hasta esta área, donde se desmantelan para vender sus componentes (pantallas, baterías, cámaras, etc.) debido a las medidas de seguridad de Apple que dificultan su uso como dispositivos completos, por otro lado, para rastrear un iPhone robado, puedes usar la app Buscar (Find My) de Apple, que permite localizar el dispositivo incluso si está apagado (en iOS 15 o superior), siempre que la función esté activada previamente.
Al activar el Modo Perdido, el iPhone se bloquea, se suspenden las tarjetas de Apple Pay y puedes mostrar un mensaje con un número de contacto, también es crucial denunciar el robo a las autoridades y proporcionar el número de serie y el IMEI del dispositivo, no se recomienda recuperar el dispositivo por tu cuenta si aparece en una ubicación desconocida; se sugiere contactar a las autoridades.
Los compradores, procedentes de China, Filipinas, Turquía y otros países, examinan cajas de cartón llenas de iPhone envueltos en plástico de burbujas, antes de licitar o concursar en subastas diarias organizadas por WhatsApp y otras aplicaciones, Kevin Li, un vendedor de Shenzhen, explica la matemática del negocio: “los iPhone con ID se compran por un 70 % menos que los desbloqueados, los que tienen ID probablemente fueron robados en Estados Unidos”.
Muchas víctimas de robos reciben mensajes de desconocidos en Shenzhen que intentan persuadirlos para que borren remotamente sus dispositivos y los eliminen de la app Find My, y como señala Bilal Khan, un comerciante paquistaní entrevistado por el Financial Times mientras buscaba comprar 300 iPhones, explicó que en su país los clientes usan estos dispositivos bloqueados por operadoras estadounidenses para cámaras, Wi-Fi y juegos, sin necesidad del servicio telefónico, por eso cada teléfono robado encuentra su nicho en algún lugar del mundo.
A manera de conclusión, les comparto algunas sugerencias que no garantizan que se evite un robo, pero mitigan significativamente el riesgo y las consecuencias, principalmente no usar el teléfono en áreas concurridas o inseguras, como transporte público o calles con mucha gente, donde los ladrones puedan aprovechar distracciones, guárdalo en un bolsillo seguro o bolsa con cierre.
Debemos procurar usar fundas con agarre antideslizante o correas para sujetar el celular a tu mano o muñeca, también se pueden usar bolsillos internos o cinturones de seguridad para guardarlo, es importante mantenernos alerta al entorno y evitar distracciones como auriculares o mirar la pantalla mientras caminamos, los ladrones suelen aprovechar momentos de descuido, especialmente en lugares como cafés, estaciones de metro o eventos concurridos.