¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Son dispositivos muy importantes que utilizamos todos los días. Con la aparición de los equipos electrónicos portátiles, como celulares y laptops, se han vuelto imprescindibles. Además, son un elemento primordial de los coches eléctricos. En todos los lugares vemos a las personas conectando sus equipos a la red eléctrica para recargarlas. Nos referimos a las pilas o baterías, las cuales, aunque pudieran parecer recientes, nos han acompañado desde hace un par de siglos.
Luigi Galvani nació el 9 de septiembre de 1737 en la ciudad de Bolonia, en lo que hoy es Italia. Mostró desde pequeño un interés por la teología, pero su familia lo persuadió para que se convirtiera en médico, por lo que estudió en la reconocida universidad de su ciudad, y obtuvo el grado en medicina y filosofía en 1759.
Debido a su gran capacidad académica, obtuvo el puesto de profesor de anatomía en la Universidad de Bolonia en 1762. Dedicó sus primeros años de vida profesional a la práctica de la medicina. Se casó con Lucía Galeazzi, hija de uno de sus profesores, en 1764. Formaron un matrimonio muy unido, que duró varias décadas. Incluso, ella se volvió su asistente en la mayoría de sus experimentos hasta que muere, en 1790, sin haber tenido hijos.
Galvani llevó a cabo su gran descubrimiento mientras realizaba experimentos con cadáveres de ranas en su laboratorio: se da cuenta de que, sin actuar de por medio ninguna fuente de energía, cuando acerca sus pinzas a una rana para tocar su médula espinal y un músculo de sus ancas, el cuerpo del batracio se convulsiona. Por lo tanto, deduce que el cuerpo de la rana contiene energía eléctrica almacenada, incluso después de muerta.
Esta idea de que el cuerpo almacena electricidad, y en especial de que se puede revivir a un cadáver aplicando descargas eléctricas, fue desarrollada por varios científicos después de Galvani. Se volvió tan popular que incluso inspiró a Mary Shelley a escribir su novela “Frankenstein o el Moderno Prometeo” (de moda nuevamente en estas últimas semanas gracias a la versión del cineasta mexicano Guillermo del Toro).
Alessandro Volta nació el 18 de febrero de 1745 en Como, Lombardía (hoy Italia, y en esos años parte del Imperio austríaco), en el seno de una familia de la nobleza. Aunque su padre murió cuando tenía apenas siete años, su madre y sus familiares cercanos se esmeraron en que recibiera una buena educación, con el propósito de que se dedicara a la vida sacerdotal, o se desempeñara en el área de humanidades.
Sin embargo, Volta mostró un gran interés por la ciencia, que lo llevó desde muy joven a realizar experimentos y a mantener correspondencia con los científicos de su época. Al igual que varios de ellos, se sintió atraído por el estudio de la electricidad, y en 1769 –con tan solo 24 años de edad– publica su primer artículo científico. En esos momentos ya ocupaba un puesto como profesor de Física en el Liceo de Como, y se encontraba felizmente casado con Teresa Perigrini, con quien procreó tres hijos.
Cuando Galvani publicó los resultados de su investigación, Volta ya tenía un prestigio como científico en toda Europa. Por lo tanto, se interesó por dichos experimentos, y decidió realizarlos por su cuenta. A partir de éstos, deduce que la electricidad no proviene del animal, sino de los metales.
Lo que pasaba es que las pinzas estaban fabricadas con dos metales diferentes, por lo que al estar en contacto se lleva a cabo una reacción química que libera electrones y produce un flujo de corriente eléctrica (podemos decir que le aplicaba un electroshock al cadáver de la rana).
El gran descubrimiento de Alessandro Volta llegó a finales del siglo XVIII. Para probar su teoría construye una pequeña torre de discos apilados (esto es, una “pila” de discos, de ahí el nombre), de cobre y zinc, alternados, con una solución salina entre ellos. Con esto logró generar un voltaje en los extremos, y producir un flujo de corriente eléctrica.
Tal como lo comentamos líneas arriba, lo que sucede dentro de la batería es una reacción química entre diferentes elementos, lo cual provoca que existan electrones libres y se cree una corriente eléctrica; estos electrones fluyen de la terminal negativa para recombinarse con otros elementos químicos en la terminal positiva. Cuando ya no hay electrones libres entonces la pila está descargada, y debemos aplicar una corriente para cargarla nuevamente.
Este principio –de crear una corriente eléctrica a partir de una reacción química– es el mismo con el que funcionan actualmente todas las pilas de celulares, laptops y tabletas. Con el fin de recargarlas, lo que hacemos es utilizar un equipo electrónico de alta eficiencia (el cargador, basado en electrónica de potencia) que convierte la corriente alterna de la red eléctrica a una corriente directa, con el fin de inyectar corriente a la batería, para que, mediante una reacción química, vuelva a tener electrones libres.
En 1796 Napoleón cruzó los Alpes con el fin de conquistar Italia. Luigi Galvani se niega a jurarle fidelidad, por lo que es expulsado de la Universidad de Bolonia, en la cual había impartido su cátedra durante más de treinta años. Se retira a vivir en casa de su hermano, ya que su amada esposa había muerto unos años antes. A petición e insistencia de sus colegas, el nuevo gobierno accede a regresarle su puesto y sus títulos, pero ya era demasiado tarde y –víctima de una profunda depresión– Galvani muere, pobre y exiliado, el 4 de diciembre de 1798.
Alessandro Volta se comporta de una manera mucho más pragmática y accede a inclinar su cabeza ante Napoleón, por lo que es invitado a París para mostrarle su invento al Emperador, quien le otorgó la medalla de oro al mérito científico, y lo nombra conde y senador de Lombardía. Además, recibió una serie de reconocimientos en toda Europa. Incluso, después de caída del Imperio napoleónico, el Gobierno Imperial austríaco le otorgó el puesto de director de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Padua. Se retiró poco tiempo después a vivir en completa tranquilidad, mientras disfrutaba de su riqueza y su bien merecida fama académica. Murió el 5 de marzo de 1827.
A raíz de los descubrimientos que se han dado en los últimos años en lo que concierne al funcionamiento del cuerpo humano –en particular el cerebro, el corazón y los músculos–, podemos afirmar que Galvani no estaba del todo errado, y sí existe una cierta “electricidad animal”.
Gracias a las baterías es que podemos disfrutar de teléfonos celulares, laptops, tabletas, relojes, coches eléctricos, entre otros equipos modernos. Es justo dar reconocimiento y agradecimiento a estos dos científicos italianos que inventaron la pila –aunque parezca difícil creerlo– hace más de doscientos años.