Morena: su propio problema
Durante mucho tiempo, una fórmula tomada de la Filosofía del Derecho de Hegel ha sido utilizada para trazar una línea imaginaria entre dos formas de entender la política: “todo lo real es racional” frente a “todo lo racional es real”.
La primera suele leerse como una justificación del orden existente (conservador); la segunda, como una invitación a transformarlo (progresista). No porque Hegel lo planteara en esos términos, sino porque así terminó por interpretarse, incluso por Marx.
Ahí donde cabría esperar el esfuerzo por hacer coincidir la realidad con los “principios”, ocurre otra cosa: como en la cama de Procusto, el discurso se reajusta constantemente para que la realidad, por contradictoria que sea, no lo desmienta.
Disociación y cismas políticos
Soberanía y paradojas energéticas
El dilema de Morena
Ahí está la paradoja: admitir que muchos problemas provienen de decisiones del sexenio pasado implicaría desmitificar una figura cuidadosamente construida. Por eso, Morena es su propio problema. Ha optado por salvarse a sí misma antes que evitarle costos al país.
Carecen de integridad para oponerse a la demolición institucional en curso y, en su lugar, se mantienen ocupados en escalar dentro del organigrama. En ese contexto, corregir es visto como un suicidio político, no como una responsabilidad patriótica.
El mayor problema de Morena no son solo las dificultades de gobernar un país complejo, sino los límites de la forma en que ha decidido entenderlos.
















