Forma parte de un proceso de revisión de límites territoriales para precisar de manera definitiva la pertenencia del predio conocido como Molino de Jesús
Habrá jornada el 17 y 30 de abril en Plaza Vértice; también brindarán servicios de vacunación antirrábica y desparasitación sin costo para animales de compañía
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Su nombre es Dulce (su alma también), vive en un albergue de Matamoros, Tamaulipas. Se hace cargo de las y los niños ahí alojados cuando ella misma es poco más que una adolescente. A sus 21 años, su 1.50 y menos de 47 kilos, tiene la sonrisa más plena y agradecida que me ha tocado ver. Les enseña a los niños a través del juego, les consuela porque nadie la consoló a ella, les hace reír porque ella ha derramado más lágrimas que muchos en sus vidas completas, pero dice: somos bendecidos. Llegamos a México, somos libres.
¿Por qué saliste de Venezuela? Pregunté. Salimos a marchar pacíficamente contra el gobierno y comenzaron a perseguir a mi esposo. Teníamos mucho miedo de salir de allá y del trayecto, pero más miedo a seguir en la incertidumbre de que nos encarcelaran o peor, nos mataran. ¿Se tiene que huir de tu patria por marchar y por disentir del gobierno? Volví a cuestionar. Sí claro, los militares no tienen piedad.
Es Dulce, pero son también muchas más. Una de ellas, en el albergue de Reynosa, caminó desde Venezuela con un bebé de solo 11 semanas de nacido; ya cumplió el año en nuestro país. Otra más fue golpeada por su esposo y dejó atrás una niña que hoy tiene 7 años. En Colombia rehízo su vida y en México dio a luz a un niño. Para ella y su pareja ser mexicanos por nacionalización, cada uno de ellos debe pagar 13,000 pesos por el trámite; una pequeña fortuna para estos migrantes.
Las historias se repiten. Se quedaron acá cuando querían perseguir el sueño americano (hoy pesadilla) o huir de la represión. Ahora necesitan trabajo, estabilidad, escuela, casa (el hogar está en sus propios corazones). Las historias son similares tanto en las causas de la migración como en las necesidades. Son similares a las de nuestros hermanos que hoy se esconden en el país del norte, y comparten también con ellos el dolor permanente por la ausencia, por lo vivido, por lo sufrido, por la expectativa incumplida de la vida misma.
El trayecto desde Venezuela es duro, implacable, peligroso…muy peligroso. A muchos les espera violencia sexual, robos, extorsión, muerte, o separación familiar. Cruza varios países como Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Guatemala. Se cruza la terrible selva del Darién donde se pensaría sufrirían lo peor, pero no. Que se te encoja el alma lectora, lector querido, que se te llenen los ojos de lágrimas, que se te atoren las palabras en la garganta; El Darién es horrible pero lo peor y más peligroso -dicen ellos vez tras vez- es cruzar México.
Les cobran por el trayecto y por dejarlos libres cuando llegan…si llegan. Si no hay dinero, los tratantes extorsionan a sus familias y si aún así no consiguen el pago, destruyen sus cuerpos y almas violando a mujeres, niños, niñas y a los propios hombres, todo frente a sus familias. Una vergüenza nacional debería ser. Pedimos buen trato para los connacionales a Estados Unidos y dejamos de ver lo que sucede en nuestro suelo.
Pero las personas responsables de los albergues son remansos de paz. Enfrentan carencias, deben consolar permanentemente, se enfrentan a las mafias, exponen su propia integridad. ¿Quién cuida a los cuidadores? Yo y mis inacabables preguntas. Tratamos de no hacerlo personal, de no cargar el alma, pero a veces es imposible. Hay casos que te llegan, que duelen de más, que dan miedo. Una niña rusa, particularmente bonita, fue notada por los tratantes. Hubo de protegerla especialmente. Para los tratantes era un diamante por explotar.
Los efectos psicológicos, la separación familiar, el vivir con miedo, y la regla de la incertidumbre constante. Los cientos de miles de relatos ponen en evidencia lo que muchas veces queda invisible tras las estadísticas: personas que huyen de un régimen que los persigue, pero luego enfrentan otros tipos de violencia en su tránsito o en la frontera.
El premio Nóbel de la paz 2025 fue otorgado a María Corina Machado, pero en realidad es para todos quienes en Venezuela o en cualquier parte del mundo huyen de la crisis económica, la persecución política, de la censura y la falta de libertades fundamentales. El Nóbel es una luz de esperanza para ellos y, para nosotros las y los mexicanos, un motivo de reflexión, gratitud y motivo para seguir cuidando nuestra vida democrática. Si no se es libre, no se es.