La rebelión armada demolió la cimentación del viejo régimen. Destruyó a sus fuerzas armadas y proyectó en Aguascalientes y Querétaro el futuro institucional.
La Copa Presidente de Tiro con Arco se realizará del 18 al 22 de marzo en la Ciudad Deportiva de Alto Rendimiento de Apizaco, con entrada gratuita para el público
Por otra parte, la diputada Laura Flores pretende tipificar la usurpación de atribuciones de servidores públicos; también van por el reconocimiento del turismo rural
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¡Nuevos vientos se agitan en la república!... pareciera, que estamos “Al filo del agua”, así tituló Agustín Yáñez a su famoso trabajo literario. En el dibujó con magistral mano poética la atmósfera social que se vivía en la época prerrevolucionaria, en un pueblo eminentemente rural, provinciano, dominado por la religión y tradicional, muy tradicional. Esa expresión de “al filo del agua” es provinciana y campesina, usual en el México agrario.
Se refiere que, en el horizonte, se aparece una tormenta de proporciones inusuales. En el panorama social, indica la proximidad tal vez, de un movimiento social de gran calado, del que ya no se regresa. Yáñez fue un escritor enamorado y conocedor de la vida mexicana; en su trabajo, con arte literario sin igual, traza las circunstancias del México anterior al cataclismo sangriento que fue la revolución.
La casta dominante, junto con sus intereses y representantes, o se exilió o se marchó a las sombras, pero se puso fin a una larga dictadura de tres décadas y se abrió la posibilidad de gobernantes electos en las urnas. Fue un estallido social que sacudió el país, que dio luz a formas novedosas de convivencia social.
En nuestros días, están apareciendo en el México contemporáneo formas y reformas que anuncian diferencias de fondo en la superestructura de gobierno. Hay inconformidades, esto es normal –porque los cambios sociales significan cambios de poder– es normal que haya quienes clamen “que se están destruyendo las instituciones”, porque todo cambio que aparece formas nuevas, implica desavenencias.
Pero no por esto nos rasgaremos las vestiduras, ni seremos profetas de que se aproxima la debacle –la señora que ahora preside según las encuestas, tiene aprobación mayoritaria. Lo novedoso está en que se acaba de instalar un poder judicial federal diferente, pareciera que al servicio de México y lo mismo sucede en los estados. Según la reforma, esos titulares fueron electos en las urnas. Seguramente toda esta parafernalia no es perfecta porque se diseñó y operó de prisa, pero es el primer paso firme y la gran novedad en las democracias occidentales.
Una vez más, México aporta al mundo, como lo hizo con la institución del amparo. Los nuevos “jueces” ya tomaron posesión. Pero lo que agravia a los que fueron dueños del poder, no solo es la pérdida de la canonjía, sino que ahora son las etnias, quienes, a través de uno de los suyos, encabezan el mas alto tribunal de México. Pareciera esta, una revolución no armada, no violenta, que sorprende. No soñemos con perfecciones a la primera, porque seguramente surgirán errores y vendrán reformas, acomodamientos que factibilicen estos cambios.
El anterior presidente, al tomar posesión les dijo a las etnias –“sin ustedes no soy nadie”. Ahora las minorías desplazadas del poder que representan al dinero y grupos empresariales, parecen avizorar que en el futuro cercano no tendrán representantes legislativos plurinominales –refugio de unos cuantos acostumbrados al poder— y entonces, seguramente no habrá empellones ni amenazas, pero si conspiraciones en la sombra y expresiones de violencia armada. Muchos cambios ha habido en los últimos siete años –y más habrá.
Las redes sociales ahora son el escaparate de las públicas bondades –con muchas mentiras–, pero también de los desperfectos –con muchas mentiras. Y es que los partidos políticos se convirtieron en un jugoso negocio y ya no representan a su militancia. Los medios informativos dejaron de ser tales y asumieron el oficio de aplaudidores del poder. Con más cambios, habrá más inconformidades.
Hay problemas actuales que no permiten tardanzas: el narcotráfico, el crimen organizado, la creciente violencia, la corrupción, etc. Pero los que se acostumbraron a la rapiña del presupuesto, ahora se sienten desplazados. Su ira se comienza a expresar en violencia, empellones y amenazas. Son señales claras de que estamos “al filo del agua”, de que hay un México nuevo –un México profundo e ignorado mucho tiempo por los poderosos– que pugna por un alumbramiento favorable. Los votos nuestros son porque todo esto transite sin que se altere la paz social y que además sea para bien.