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Antenoche Tiburcio y Atanasio…
Atanasio Serrano López
Hace diez o doce años, recibí una llamada del vallesano José Daniel diciéndome:
-Atanasio, cuando era niño, esa canción me la cantaba mi papá-.Eran tiempos en qué la canción mexicana cubría la geografía nacional. Por eso la conoció el señor Suárez.
Me agradó el gesto de Pepe Suárez; más me satisfizo saludar a quienes conocí en la Universidad. Somos contemporáneos. A unos, no los había visto en largo tiempo. Están saludables.
Fidel García Rodríguez me corrió la atención. Asistí al convivio matutino. Me sentí a gusto. Todos me conocen.
Es otro grupo de hombres añosos; institutense-universitario como “Los Vampiros”. Se reúnen periódicamente. Con la relación casi familiar, afianzan la amistad nacida en sus años mozos.
Vinieron los recuerdos. “Los Gremios”, como “Los Vampiros”, tienen su líder. Es Salvio García Rodríguez; tiene 81 años. Sigue dando clase en la Facultad de Medicina.
-Fundaron “La Orquesta Universitaria”-, digo.
-Sí. Pero nosotros fundamos “La Rondalla Universitaria”-. Contesta-. Mira ahí esta Ciro, uno de sus integrantes. Ellos organizaron concursos de oratoria; nosotros de declamación. En el deporte fuimos adversarios; fuera de él amigos.
-¿Y la política, grande; la de elección de rector?
-La peleamos desde trincheras opuestas.
Salvio interviene:
-Apoyamos a “Pichas”; los Vampiros también-, fue el primer rector.
Hay en “El GEU”, abogados, contadores, médicos, ingenieros profesores; hombres de negocios.
De quienes destacaron como deportistas recuerdan a: Jorge García López, Roberto Pliego, Ignacio Hernández Orihuela, Justo Gaviño Bustos, Ricardo Santos Reza, Fidel García Rodríguez, como estrellas en Volibol. No olvidan a quienes se han ido de esta vida. Los recuerdan.
-¿Por qué Gremio?-.
Alguien consultó la hora y se dio la despedida. Abandonamos el lugar.
Al salir, mentalmente recité las dos últimas estrofa de esa canción:
Su papá y su mamá no me quieren/ y con otro la quieren casar/ están buscado que yo me la robe/ a la brava me la he de llevar/.
Más en fin me despido, señores/ llevo herido mi fiel corazón/ a la brava me llevo a la joven/ o, tal vez, me la lleve a traición/.






















