Por más que los zacatecanos quieran ver un círculo virtuoso sobre la consigna de hacer del 2026 el año del progreso, lo que aparece encima, enfrente y en todo lados, es un velo o cortina que como acumulación de conflictos y crisis, construyen obstáculos, generan dudas y confusiones, encubren resistencias, hasta oscurecen las expectativas justas, legítimas y ansiosas por alcanzar óptimas condiciones de desarrollo y crecimiento que impulsen al estado por la ruta de un progreso sostenido que se traduzca en efectivo bienestar, sobre todo a los grupos vulnerables y al sector de pobres que lamentablemente son la tercera parte de la población.
Claro que hay reconocimiento porque Zacatecas cerró con la menor cifra de homicidios en 3 sexenios, una reducción del 71 por ciento los asesinatos; tremendo entusiasmo reproducen las estadísticas que ratifican a Zacatecas como primer lugar en la producción minera, plata, oro, plomo y zinc. auge de esta industria que históricamente genera miles de empleos, aunque no reintegra inversiones en desarrollo social; muy acertado que el gobierno estatal logre sanidad financiera y que haya avances sin contratar deuda; entusiasma que David Monreal anuncie que viene un Festival Cultural muy especial y que sea iniciada la construcción del Hospital de Especialidades en Guadalupe.
Bien por esa cobertura de realidades positivas que provocan optimismo, pero son acciones que no alcanzan a consolidar, al menos no todavía la estrategia del progreso, porque existe un realismo que también oscurece y atenúa proyectos, reduce objetivos y minimiza las metas que se han trazado, se alzan una serie de conflictos que hacen una muy nefasta acumulación de crisis productora de aciago episodio o etapa de retroceso y más estancamiento del crecimiento económico y desarrollo social. Zacatecas está en esa condición que urge revertir.
Verdaderos atorones o frenos hacia el progreso constituyen hechos como el reciente resolutivo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación contra el ISSSTEZAC para más extremar su crisis; la exigencia de la empresa constructora Hycsa por 310 millones de pesos tras la cancelación de la obra del viaducto elevado y que requiere pronta conciliación para evitar crezca el adeudo; la caída de la producción mezcalera en 84 por ciento, con afectación a la industria en los cañones; la crisis del frijol que más arrecia por no abrir los centros de acopio y tratar preferentemente a coyotes, conflicto que ya otra vez provocó bloqueos carreteros; la inmensidad crítica en la Universidad Autónoma de Zacatecas por adeudos de 4 mil 500 millones de pesos; la crisis municipalista, más de 40 ayuntamientos con deudas al IMSS y el SAT.
Los reiterados bloqueos, paros y huelgas en el sistema educativo que exhiben ineptitud en la Secretaría; el resurgimiento de problemática laboral en el sector salud, concretamente en las enfermeras y enfermeros del IMSS Bienestar que reclaman sus pagos profesionales desde mayo pasado y que ya se manifestaron por calles y plazas de Zacatecas capital; los bloqueos y tomas de casetas por los normalistas de San Marcos; la alarmante crisis forense por 996 cadáveres sin identificar en la Fiscalía General del Estado; entre éstas y otras negativas acciones dan forma a la parálisis del desarrollo y al nulo crecimiento económico, enormes obstáculos en el Año del Progreso.