En la marcha más grande en la historia del estado, miles exigieron seguridad, educación sexual y políticas públicas para proteger a las mujeres zacatecanas.
De 578 mujeres desaparecidas en Zacatecas, Fresnillo concentra 143 casos. Familias claman justicia y marchan para exigir apoyo y hallar a sus seres queridos.
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La verdad sea dicha, pero los últimos gobiernos en 5 décadas, a los zacatecanos les deben una explicación del por qué no se atendieron en sus momentos sexenales y oportunidades presupuestarias las prioridades y problemáticas inherentes al desarrollo social integral e integrador y al crecimiento económico y también, porque los partidos políticos no canalizaron los descontentos, demandas y urgencias de las sociedades en los municipios y comunidades, responsabilidades por omisión que debieron impedir que hoy por hoy Zacatecas permanezca en estancamiento y parálisis, que se refleja en la desigualdad, ausencia de empleos y oportunidades de inversión, contención de la modernización y el progreso y por consecuencia, más de la tercera parte de la población en pobreza, un estado en rezago y retroceso.
Invariablemente, los procesos de sucesión han sido fuentes de enconos, confrontaciones, rompimientos y divisiones que han truncado la continuidad institucional en condiciones de normalidad democrática y de convivencia política e ideológica, situaciones que innegablemente contribuyeron a reproducir condiciones de miseria, atraso en el desarrollo regional, precariedad en los municipios y hundimiento en el estado de los llamados tractores del progreso y bienestar.
Para no ir tan lejos, desde el 98, durante el movimiento social que ungió a Ricardo Monreal gobernador y hundió al PRI en el inicio de su debacle, quedó comprobado una y mil veces que los ataques contra los Monreal, incluida la ofensiva vinculante al narcotráfico, provocaron mayor potencialidad política, fuerza que finalmente operó y todavía impera como monrealismo. O sea, intrigar con perversidad e infamias contra los adversarios internos y externos no es fórmula efectiva para evitar triunfos o victorias electorales; al contrario, las refrenda y ratifica, empodera. Así sucedió y siguió en la sucesión que Ricardo Monreal debió aceptar la candidatura de Amalia García Medina, respaldarla y tras el triunfo de la mujer, el monrealismo la atacó furiosamente durante todo el sexenio.
Miguel Alonso supo aprovechar las debilidades mostradas por el gobierno de Amalia García durante la elección intermedia de 2007, cuando Cuauhtémoc Calderón ganó la presidencia municipal de Zacatecas Capital. Y ahora, la ofensiva, desde la burda exclusión hasta las limitaciones programáticas y de infraestructura en contra de los alcaldes de oposición, del panista Miguel Varela en la Capital del Estado; Javier Torres del PRI, en Fresnillo; y Rodrigo Ureño por el PRD en Jerez, más se crecieron y ascienden políticamente.
De la misma manera, atacar a Amalia García Medina no vulnera al Partido Movimiento Ciudadano de Jorge Álvarez Máynez; más se reafirma como opción alternativa en Zacatecas. Atacar a Miguel Alonso Reyes, no debilita al PRI; al contrario, se revierte la ofensiva y sus relevantes figuras, como Adolfo Bonilla, Javier Torres, Arturo Nahle y Carlos Peña, más se unifican y cohesionan. Es un grave error atacar y descalificar a los contrarios, aunque sean autores de omisiones, desviaciones e irresponsabilidades de gobierno. Las experiencias de Los Monreal como víctimas de campañas negras y guerra sucia deben aprenderse y no practicarlas para no desfigurar más su historia gubernamental.