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Zacatecas se encuentra justamente en el prolegómeno de las más elevadas expectativas al iniciar en unas horas el 2026 como el Año del Progreso, como así lo anunció el gobernador David Monreal, lo que debe ser un arranque con renovación de energías que mueven en sintonía las políticas nacionales, estatales y municipales en un vigoroso escenario de transformación verdadera, que aleje al estado de los impactos de la inseguridad y acerque a la población, a un fortalecido gabinete, una poderosa participación del empresariado industrial, turístico, comercial y agropecuario y a la renovada participación ciudadana, a intentar cumplir juntos la hazaña del progreso con bienestar integrador.
El 2026 como año del progreso, es un buen propósito de año nuevo, pero es el más formidable desafío que se traza hasta el quinto año del sexenio. Claro que Zacatecas y su pueblo lo merece, un progreso que traduzca y genera amplias oportunidades de desarrollo, más enfocado hacia las regiones caracterizadas por su atraso y porque conviven más de 600 mil zacatecanos en pobreza, sin desconocer que en las actuales condiciones críticas, esa meta y objetivo, aunque sea un sueño de grandeza, parece inalcanzable y, no se trata de asumir pesimismo, pero tampoco puede ser exceso de optimismo, porque la realidad que se enfrenta es muy dura y de gran severidad.
Los anuncios en el discurso político y gubernamental son fáciles, pero las dificultades y complejidad en los senderos, son enormes y sin que los zacatecanos se asusten por el reto, son capaces de superar lo infranqueable, si el equipo gubernamental en fuerte, ordenado, comprometido y si hay una acertada e inteligente conducción de las estrategias de crecimiento y desarrollo, es posible la viabilidad hacia esos horizontes, donde primeramente habrá que detener el retroceso y sacar al estado del estancamiento en el que se encuentra desde hace ya más de 8 sexenios o 5 décadas, tiempos perdidos por ausencia de planeación, ineficaz ejecución programática y muy grave corrupción.
Ciertamente, la economía estatal es endeble, la presupuestación de 42 mil millones de pesos, aunque registra incremento de 4.5 por ciento en relación al actual, es insuficiente para lograr ese milagro progresista que alcance a todos de manera integral, aun con los recursos que acercará la federación a Zacatecas todavía se le niega la oportunidad de lanzarse como polo de desarrollo regional, se le regatean acciones como la consolidación de la autopista a Aguascalientes, sacar las vías férreas de las zonas urbanas de la Capital del Estado y orientar inversiones hacia los parques industriales y apuntalar al campo, el turismo y la cultura como fuentes generadoras de oportunidades.
Imposible eludir que 2026 estará marcado por las tensiones políticas que se producirán por las batallas preelectorales en los partidos y entre los aspirantes a gobernar Zacatecas, a integrar la próxima legislatura y los 58 ayuntamientos, más las 4 diputaciones federales, colectivo de movilizaciones que serán la gran distracción para el gobernante y su gabinete, y otra vez, las grandes prioridades del desarrollo y crecimiento, quedarán rezagadas y conformarán otro serial de compromisos, ofertas y promesas para que en 2027 vengan otros gobernantes y legisladores con la misma canción del progreso y la transformación. El optimismo no puede ser total, hay incertidumbre.