El proceso electoral 2027 de la elección de gobernador, la legislatura y los 58 ayuntamientos, es un quehacer político que desde el gobierno estatal, los gobiernos municipales, los partidos políticos, las organizaciones sociales y la ciudadanía, deben asumirlo con seriedad y gran responsabilidad, es un escenario de dignidad política, convivencia plural y de respeto entre los diferentes y entre adversarios, sean mayorías o minorías, es un espacio de competencia por la conquista del poder, donde no caben las degradantes argucias, ni las exclusiones o engañifas, ni la violencia verbal o la retórica de los excesos, solo deben exaltarse la democracia, las libertades y la legalidad de los votos.
Inadmisible que al vivir los zacatecanos en la normalidad democrática con una cultura política de madurez, civilidad y participación social, desde las alturas del poder se registren pleitos estériles e innecesarios, como así los califica nuestro Director Gerardo de Ávila, en su columna La Cuenta Regresiva del miércoles, en referencia a la ofensiva política del gobernador David Monreal en contra de los exgobernadores Amalia García Medina y Miguel Alonso Reyes, un episodio que altera el proceso electoral, porque se trata de los más altos liderazgos que han de ser ejemplares en sus expresiones de respeto, y que deben convocar a la movilización ciudadana ante las urnas.
En medio del ambiente de confrontación, descalificaciones, discriminaciones, preferencias sutiles y abiertas que sacuden a la militancia de Morena y sus aliados, para generar y reproducir amenazantes efectos de rompimientos y división, hay una dirigencia estatal que se comporta con inclinaciones y parcialidad hacia una figura aspirante a gobernar el estado, tampoco han logrado consolidar capacidad en la conducción del proceso interno de selección y en lugar de llamar o exhortar a la unidad, asumen actitudes de indiferencia al subestimar y desvalorizar a actores políticos en la lucha, como Saúl Monreal Ávila, Ulises Mejía, José Narro Céspedes y Alfonso Ramírez Cuéllar, a los que descuentan.
En cambio y deliberadamente, como estrategia para proteger y resatar a su puntera en las encuestas, Verónica Díaz Robles, cometen el error de exhibirla con 28 por ciento de las preferencias ciudadanas; y completan su lista de cuarteta con la diputada Susana Barragán, la Secretaria Bennelly Hernández y la diputada federal Soledad Luévano, a las que asignan porcentajes de 16, 7 y 4 respectivamente, un supuesto plan B que rompe con la seriedad, formalidad e institucionalidad partidista, para convertirlas en espectáculo que tiende a desgastar su figura política actual y más porque en ningún caso significan trayectorias, experiencias o potencialidades para una competencia gubernamental.
Con esas acciones que los delatan incapaces e impotentes para la dirección del partido Morena, solo están abonando a esa lamentable degradación del quehacer político, que corroe y erosiona al partido en el poder, a su gobernador David Monreal y a su Presidenta Claudia Sheinbaum, la líder única y absoluta del Movimiento de la Cuarta Transformación, que cotidianamente exige unificación y lealtad a los principios y a su partido. No deben aumentar las causas de división y hasta de sublevación, si la decisión es refrendar triunfos, han de elegir la vía del diálogo hacia los acuerdos para no entorpecer ni obstaculizar una cabal respuesta y participación ciudadana a través de los votos.