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Lo sufre la gente de a pie, quienes a diario cruzan toda la CDMX para ir al trabajo, a casa, a donde sea. El Metro y el transporte público en general se han convertido en el viacrucis de muchos en los últimos años. Pero justo ahora que se aproxima la Copa del Mundo 2026 los astros como que se alínean (para mal) y la cloaca en la que hemos transformado a nuestro país está a la vista de todo el planeta. No la podemos esconder por más tiempo.
Al claro desgaste que de por sí experimenta el Metro, esta vez se agrega la presión sindical que amaga con incrementar la descomposición imperante como método de combate por la falta de mantenimiento en el servicio. El otro día el SNTSTC anunció que al no ser atendidas sus demandas iniciarían una serie de protestas, como la de no laborar “horas extras” y una “manifestación de brazos caídos”, que implicaría, entre otras cosas, mayor lentitud en el servicio (¿aún más?).
Y aunque el sábado llegaron a un feliz acuerdo que canceló dichas “iniciativas”, la realidad es que estas posturas no suman en pro de la ciudadanía. La capital sufre el deterioro de los trenes, pero también la pésima actitud de sus operadores, incapaces de ofrecer un digno desempeño. La Línea 3, por ejemplo, que conecta de Indios Verdes a Universidad, es una de las más caóticas, al igual que la Línea 2, que corre de Cuatro Caminos a Taxqueña. Coincidentemente serán de las más requeridas durante el Mundial 2026 gracias a su cercanía con el Estadio Azteca, que de plano se encuentra tapizado de obras que incluyen tramos del Tren Ligero, así como la construcción del Trolebús que irá de CU a Santa Úrsula, o la creación del Cablebús, y los arreglos en las calles, entre ellos la Ciclovía, tan criticada por lo peligrosa que es para ciclistas y automovilistas.
Si a eso le añadimos el tema de la violencia desatada la semana pasada en Jalisco y otras entidades de la República Mexicana, además de la guerra en Medio Oriente, fomentada por Estados Unidos (el principal organizador del certamen balompédico), no parece lógico imaginar un torneo que promueva paz, tranquilidad ni armonía entre las naciones. Imposible.