Hace muchos años causó sensación la película Tower Inferno o Torre Infernal. De ahí viene el singular mote del púgil mexicano-estadounidense Sebastián Fundora (1.97 metros), campeón universal superwelter del WBC, quien tendrá una prueba de ácido contra el ex monarca mundial welter, el estadounidense Keith Thurman, el próximo sábado en la MGM Grand Garden Arena de Las Vegas.
Resulta difícil de creer que Sebastián pueda marcar las 154 libras o 69.853 kilogramos que delimitan la división de los medianos júnior, sin debilitarse. Su estilo no es desgarbado; no obstante, su altura, es habilidoso “en la lucha cuerpo a cuerpo, cara a cara”, como diría el inolvidable “Doc” Alfonso Morales. Coloquialmente hablando, Fundora “no se enreda” con sus longilíneos brazos y maneja de forma atildada un punzante jab, con el que abre paso a una variedad de golpeo que incluye un silbante oper.
El apellido Fundora es muy respetado en el planeta de los puñetazos. Gabriela, hermana de Sebastián, es la invicta monarca mundial unificada de peso mosca. Ella posee los cinturones del WBC, la WBO, la IBF y la WBA, e igualmente una estatura (1.75 mts) desusada para las 112 libras o 50.802 kgs.
Las grandes tallas físicas no son exclusivas de los basquetbolistas. En la primera década de este siglo 21, estremeció los rings el ruso Nikolai Valuev, quien con sus 2.13 mts de alzada reinó en el peso pesado de la Asociación. Valuev ocupa el primer lugar en cuanto a estatura entre los púgiles de todos los tiempos.
El antípoda Kostya Tzyu, hijo del legendario excampeón mundial superligero de la Asociación, del mismo nombre, tropezó en dos desafíos contra “la Torre Infernal”. Así lo resumió: “La mayor ventaja de Fundora es la cantidad de golpes que lanza por round. No te deja. Puede golpear y golpear sin gastar demasiada energía. Esa es su mayor fortaleza”.
Será muy interesante ver a Fundora contra Thurman, ex soberano ecuménico de las 147 libras, quien conjuga pegada, aguante y habilidad.
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