Si algún género musical en Latinoamérica ha contribuído al enriquecimiento del vocabulario y el florecimiento de la poesía a través del léxico en formas exquisitas, ese es el Bolero nuestro de cada día.
Hablemos de Tango...
A diferencia del Tango, el Bolero no se basa en el vox populi o en la jerigonza terminológica propia de un cierto lugar o episodio histórico, si no que éste se nutre de finos vocablos de uso poco común en el argot popular.
Orígenes del lenguaje floreado
Letra y Música
La Trova Yucateca y su aportación poética
Letristas en el Bolero
Flaco, punto y aparte
Florilegio de vocablos bolerísticos
Le invito, bohemio lector irreductible, a que juntos hagamos el siguiente divertido ejercicio y a cada una de las siguientes palabras usted encuentre su origen textual. Todos estos términos están presentes en más de un Bolero:
Y volviendo a Lara, aquí mi top 10 de sólo algunas de las palabras frecuentes propias del contenido textual del Bolero en la obra del flaco:
Bueno. Ya me voy. No sin antes recordarle que es menester propiciar la comunicación para evitar lo ininteligible en el galimatías del silencio entre ustedes y nosotros. Escríbame. Yo siempre contesto: rodrigodelacadena@yahoo.com
Con su humor inconfundible, su ironía y mirada crítica, Friedeberg escribió alguna vez sus propios “mandamientos”: una breve lista de máximas que reflejan la libertad y el ingenio que caracterizaron su vida
El locutor, que ha estado al frente del programa “El cine y 909”, habló sobre su libro “El cine y... Conversaciones con cineastas latinoamericanos”, que recopila años de historia del cine mexicano
Expertos del Proyecto Templo Mayor hallaron ofrendas coincidentes en temporalidad y contenido con otras descubiertas previamente, lo que evidencia su colocación en un mismo evento
Convocados por Carolina Peña, heredera del artista oaxaqueño, destacados miembros de la sociedad mexicana dieron forma al proyecto Tamayo: A Living Universe, una nueva conversación entre arte, legado y futuro
La propuesta de Carmona León, dirigente del colectivo Contingente Cultural de Mujeres Artistas y Maestras, busca precisamente tejer historias de memoria y dignidad
El encuentro quie iba a contar con la presencia de Enrique Bunbury y Lila Downs se celebraría del 25 al 28 de febrero, pero fue pospuesto por la ola de violencia que desató la muerte de El Mencho
Marina Stavenhagen, directora del inmueble, mantiene diálogo con los trabajadores; dice que destituir al director de Administración y Finanzas no es la solución
Muy probablemente, querido bohemio lector, usted podría llegar a pensar que la mía es una inclinación desmedida y rocambolesca desde una postura favorecedora para dicho género, sin embargo, es tanta la producción y diversidad expresiva manifiesta en los textos del romanticismo que en todo el mundo podemos encontrar metáforas, figuras poéticas y palabras de exquisita factura más que en cualquier otro género.
El Tango, por ejemplo, es una raíz cultural que, a través de su manifestación musical y literaria, ha aportado los mensajes y términos más variados en cuanto al sentimentalismo y la diversificación emocional del ser humano a través del tiempo, creando un lenguaje propio y característico del contexto histórico y cultural perteneciente a una lingüística enriquecida por neologismos influenciados por lenguas extranjeras de los inmigrantes establecidos en el Cono Sur a partir de las primeras décadas del siglo XX. Esta jerga originalísima hoy se conoce como Lunfardo y quienes no hemos nacido en los barrios rioplatenses necesitamos recurrir constantemente a los diccionarios de éste para poder comprender a plenitud el significado de casi un 80% de la producción general tanguística.
Antecedentes claros que demuestran una elevada formación gramatical pueden encontrarse en las aportaciones y expresiones de juglares y trovadores a partir del siglo de oro español. Es evidente que la barroca complejidad del castellano de la antigüedad a partir del siglo XVII ha sufrido transformaciones que distan mucho de la solemnidad, la elegancia y las exquisitas formas de tiempos pasados conforme avanzamos a nuestra oprobiosa actualidad.
Si usted, bohemio lector irredento, hace un análisis de los textos y estilos de glosa en la antiguedad, tanto en la música popular como en la profana, encontrará cantatas, madrigales, motetes, oratorios, marchas, chaconas, fandangos, zarzuelas, cuplés, operetas, danzas, habaneras y canción lírica con una calidad de verbo muy superior a la de nuestros días. En aquel entonces la métrica, el ritmo y la rima tenían que conjugar con los términos exactos. Los bardos de ese tiempo no podían darse el lujo de rimar con palabras “similares”; éstas tenían que ser completamente consonantes en grados de escrupulosa perfección. Basta con analizar los libretos y los textos empleados en Opereta y Zarzuela, ambos géneros chicos que gozaron de una popularidad sin par hasta principios del siglo XX, para darnos cuenta de que en las líneas de dichas obras existía un jardín de letras en donde se incluían algunos de los vocablos más bellos de la literatura universal.
En México, durante el siglo XIX, la música comenzó a experimentar la influencia del romanticismo en el repertorio que hoy forma parte del cancionero popular mexicano, mientras las canciones se hacían populares gracias a las publicaciones de las pocas editoriales de música establecidas en nuestro país (Repertorio Wagner y Levien, La gota de agua, Shirmer, Ricordi, Enrique Munguía, Music Publishing Co., El Frente, Lemus...), trovadores, bandas de viento y orquestas típicas de kiosko, carpas, caravanas artísticas, compañías de teatro, circos y los teatros de variedades y revista.
Fueron precisamente las casas distribuidoras de partituras y repertorio, famosas editoriales como Wagner y Levien, quienes pagaban a los autores y compositores cantidades irrisorias no superiores a los 100 pesos por concepto de derechos intelectuales y de propiedad en obras como ”Sobre las olas” del ilustre Juventino Rosas o hasta el mismísimo Himno Nacional Mexicano, cuyos derechos fueron vendidos a la Broadcasting Music Incorporated, sociedad encargada de los derechos de autor en Estados Unidos.
Durante el siglo XIX y hasta principios del siglo XX, existió una fórmula imperante en la estructura predominante de aquellos años: Mientras que la música generalmente solía ser escrita por compositores de cierto nivel académico con formación en conservatorios, incluso extranjeros, por lo general las letras correspondían a los más célebres vates y poetas de su tiempo, encargados de poner palabras a las melodías preexistentes o viceversa.
Son entonces poetas como Manuel Acuña, Manuel José Othón, Fernando Calderón, Manuel Gutiérrez Nájera, Salvador Díaz Mirón, Amado Nervo, Ramón López Velarde, Enrique González Martínez, Juan De Dios Peza o Jaime Torres Bodet, sólo algunos de los poetas que fueron musicalizados entre los últimos 3 siglos por músicos de la talla de Manuel M Ponce, Rodolfo Campodónico, Mario Talavera, Miguel Lerdo de Tejada, Alfonso Esparza Oteo, Pelagio C Manjarrez, Macedonio Alcalá o Ángel J Garrido.
Dando continuidad a la fórmula estilada anteriormente, los poetas peninsulares dejan una inconmensurable aportación haciendo dupla y mancuerna a través de binomios insuperables en donde los textos de la canción se convierten en auténticos tesoros de la lírica y la poética en lenguaje exquisito en una fiesta de términos de un léxico digno de “La duquesa Job”. En este tenor resulta imposible no reconocer la aportación de José Peón Contreras, Antonio Mediz Bolio, Ricardo López Méndez, José Antonio Zorrilla “Monís”, Luis Rosado Vega, Rosario Sansores, Ignacio Magaloni, Carlos Duarte Moreno, José Esquivel Pren, Manuel Díaz Massa, Alfredo Aguilar Alfaro, Ermilo Padrón “Chispas”, Humberto Lara y Lara, Luis Pérez Sabido o los no yucatecos: el gran escultor colombiano Rómulo Rosso (nacionalizado yucateco), y el español Pedro Mata, autor de la letra de “Presentimiento”, así como Santos Chocano, quien presta al bohemio Armando Camejo su poema “El Amor de la Selva” para que surja el hermoso bambuco que lleva por nombre ”El Jaguar”. Estos poetas extranjeros, donde estén, se sienten seguramente halagados por la hermosa música con la que los artistas yucatecos envolvieron sus versos. Gracias a estos grandes cantilenistas, músicos como Guty Cárdenas, Ricardo Palmerín, Pepe Domínguez, Ernesto Paredes, Chucho Herrera, Vicente Uvalle, Rubén Darío Herrera, Manuel López Barbeito, Armando González Domínguez, Lezama Herrera, Benigno Lara Fóster, Armando (El Pollo) Cáceres, Estela Puerto de Pompeyo, Pastor Cervera, Enrique Navarro, Duarte Esquivel, Candelario Lezama, Pepe Martínez, Carlos Pinelo, Juan Acereto, Turix Alcocer, Wello Rivas y hasta el propio Manzanero pudieron enriquecer su obra, influencia y terminología.
A partir de los poetas clásicos y románticos mencionados con anterioridad, junto con la genialidad impuesta desde el sureste a través de la trova enamorada de los vates yucatecos, surgen en plena década de 1930 la gran mayoría de letristas mexicanos, quienes fueron soporte indispensable de los grandes melodistas de su tiempo: Gabriel Luna de la Fuente, Alberto Cervantes, Rafael Cárdenas, Mario Molina Montes, Ernesto Cortázar, Felipe Bermejo, Alfonso Espriú, Rodolfo “el chamaco” Sandoval, Pedro de Urdimalas y un largo etcétera son los aedos y copleros que continuaron nutriendo el cancionero romántico con las maravillosas frases que apostillamos hasta nuestros días en los más finos y hábiles versos de la bolerística.
Una vez más, aunque usted no lo crea, amable, fino y aguerrido lector de #PeligroSóloBohemios, vuelvo al músico poeta y es que Agustín Lara no necesitó de la colaboración de versista alguno y es su obra la que ha significado la mayor aportación al glosario del Bolero, sorprendentemente de manera totalmente independiente a su incontable producción como músico. Si algún poeta ha logrado enriquecer el léxico de más de una generación durante ya casi un siglo ese es mi inolvidable flaco de oro de Tlacotalpan. Culpable de que más de uno hayamos recurrido a los diccionarios para comprender el vocabulario y su contexto en general.