¿Un vino con muchos premios es el mejor que puedes comprar?
La primera es que el contexto de cata profesional es muy distinto al de la vida real. Nosotros tomamos vino con una pasta, con unos tacos, con una conversación de por medio. Un vino que “gana” en una mesa de jueces no siempre es el que más se disfruta en una cena entre amigos o el que mejor marida con nuestros alimentos.
Y la tercera, quizá la más incómoda, es que a veces queda la duda sobre si las calificaciones reflejan fielmente la calidad del vino o si las etiquetas más conocidas y con mayor presupuesto de mercadotecnia terminan, por inercia o por prestigio, acumulando más reconocimientos que aquellas que trabajan en silencio.
Dicho esto, confiemos en nuestro propio paladar. Un vino premiado puede ser una excelente puerta de entrada, pero algunos de los mejores vinos que he tomado en mi vida no tenían una sola medalla. Y no les hacía falta. ¡Salud!
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