Catadura / Se acabaron los abrazos
El problema no fue tratar de humanizar la política de seguridad, eso siempre será algo deseable, sino sustituir la disuasión por mera contemplación. La fuerza del estado no es sinónimo de autoritarismo, es condición de gobernabilidad y si no la utiliza, otros actores lo harán.
La presidenta Claudia Sheinbaum se enfrenta ahora a un gran dilema entre la lealtad política y la continuidad discursiva de su mentor o la corrección inmediata de un modelo claramente fallido.
Mientras la presión internacional, social y económica sigue creciendo, ningún país puede aspirar a consolidarse como una potencia emergente con territorios capturados por estructuras criminales y ninguna inversión generará confianza donde la extorsión es regla y la ley excepción.
El estado no puede ser un espectador en su propio territorio, gobernar no es repetir frases ocurrentes, es corregir cuando la realidad golpea brutalmente a todo un país. Urge debilitar financieramente a los grupos delictivos y fortalecer los mecanismos de impartición de justicia.

















