Análisisjueves, 12 de febrero de 2026
Expediente Q / Resuelto
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Lo que pasó en Peñamiller deja las cosas más claras y en primera que el conflicto nunca fue por capricho ni por una agenda oculta; fue por decisiones concretas que molestaron a una comunidad, como la destitución de la delegada de Palmas y las condiciones del relleno sanitario en Enramadas. La toma de la presidencia municipal fue una medida de presión que pudo escalar, pero al final se resolvió como se debió hacer desde el principio: sentándose a dialogar.
El secretario de Gobierno Estatal, Eric Gudiño Torres, reconoce que fue el diálogo lo que permitió liberar el edificio y restablecer las actividades. En las mesas participaron funcionarios estatales, autoridades municipales y representantes de los manifestantes. Hubo acuerdos específicos: revisar el tema del relleno sanitario y restituir a la delegada. Eso demuestra que sí había margen para construir soluciones sin llegar a escenarios extremos.
También queda claro que el juicio político que algunos promovían no respondía al fondo del conflicto. La destitución de la presidenta municipal no estaba en el pliego petitorio. Los habitantes pedían diálogo directo y atención a sus demandas. Insistir en una destitución cuando no era lo que exigían los inconformes fue una forma de meter ruido y tensionar más el ambiente. Hoy, con la reapertura de la presidencia y la delegación, esa postura pierde fuerza.
Este caso confirma algo básico: los conflictos locales se resuelven en el territorio, no en la grilla del templete y el grito desaforado. Cuando se privilegia el diálogo, se despresuriza el problema y se evitan daños mayores. No fue magia; fue negociación directa y compromisos claros. Ahora la responsabilidad es cumplir lo acordado. Si las autoridades cumplen, se recupera la confianza. Si no el conflicto puede regresar y los actores políticos sobrevuelan para no dejar pasar la oportunidad.
La presencia de Luis Nava, Agustín Dorantes y el gobernador Mauricio Kuri acompañando a Chepe Guerrero en el Día del Caldo en Corregidora no es casualidad; es política en territorio y lectura de tiempos. Las fotografías dicen quién está alineado y quién busca aparecer en el mismo cuadro.