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El llamado de Josefina Meza Espinosa, presidenta de la Red Nacional de Mujeres Defensoras de la Paridad de Todo, a que la movilización del 8 de marzo se desarrolle con respeto, orden y sin violencia abre una discusión necesaria dentro del propio movimiento feminista. El Día Internacional de la Mujer es una fecha que surgió de la exigencia de derechos, de la denuncia de desigualdades y de la visibilización de problemas estructurales que siguen presentes en México y en el mundo. En ese contexto, la forma en que se expresa la protesta también se ha convertido en parte del debate público.
México vive un escenario complejo en materia de violencia; las cifras de agresiones, desapariciones y feminicidios continúan siendo una realidad que no puede ignorarse. En ese ambiente de tensión social, las marchas del 8 de marzo han crecido en número y en intensidad, reflejando el enojo acumulado de muchas mujeres que sienten que las instituciones no han sido capaces de garantizar su seguridad ni sus derechos. Esa indignación explica muchas de las expresiones que se han visto en los últimos años durante las manifestaciones.
También existe un sector del movimiento que considera que la protesta debe cuidar sus formas para no perder legitimidad frente a la sociedad. La postura que expresa Josefina Meza se ubica en esa línea: promover una movilización que privilegie la paz, la organización y el respeto. La idea de convocar a una marcha donde participen madres, hijas, abuelas y familias busca enviar un mensaje de unidad y evitar que la jornada se asocie exclusivamente con confrontación o daños a la infraestructura pública o privada.
El planteamiento refleja la diversidad que existe dentro del propio movimiento feminista. No todas las mujeres comparten las mismas estrategias de protesta ni las mismas formas de expresión. Algunas consideran que la presión directa y la protesta radical son necesarias para llamar la atención de las autoridades.
Lo cierto es que el fondo del problema sigue siendo el mismo: la violencia contra las mujeres y la falta de resultados contundentes para frenarla. Mientras esa realidad no cambie, las movilizaciones seguirán creciendo y el tema seguirá presente en la agenda pública. Las marchas del 8 de marzo no son un evento aislado; son una expresión del malestar social acumulado.
Por eso el llamado a la paz que hace Josefina Meza también debe entenderse como una invitación a fortalecer el movimiento desde la organización y la participación ciudadana. Una marcha ordenada no significa una marcha débil; significa una movilización que busca mantener su causa en el centro del debate sin distraerse en confrontaciones que terminan desviando la discusión.
En la sesión del Consejo Nacional de este sábado en Morena, comenzarán a acomodarse las piezas rumbo a 2027. Estos encuentros suelen marcar líneas internas y dejar claro quién tiene respaldo y quién queda en pausa. En ese contexto, el diputado federal Luis Humberto Fernández aparece en una posición más sólida para afianzar presencia dentro del escenario nacional y obvio en Querétaro. Todo dependerá de las decisiones que se tomen y de los acuerdos que se construyan en esa mesa. El reloj político ya empezó a correr