Análisismartes, 3 de febrero de 2026
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El Paseo del Buey en El Pueblito no es un espectáculo improvisado ni una ocurrencia reciente, es una tradición con más de 280 años de historia, ligada a la fe, a la organización comunitaria y a las fiestas en honor a la Virgen de El Pueblito. Generaciones enteras han participado en ella con un sentido claro: agradecer, compartir y cumplir con un rito que culmina en un caldo comunitario que se reparte entre los feligreses. No hay negocio, no hay crueldad, hay costumbre e identidad.
Sin embargo, hoy esta tradición es blanco de activistas que juzgan con criterios de cristal y contemporáneos prácticas que nacieron en otro contexto y que siguen vivas porque la comunidad las respalda. Jerónimo Sánchez, que ha hecho del “activismo animal” una forma de ganarse la vida, arremete contra el Paseo del Buey calificándolo como maltrato animal, mientras se asume como defensor de los derechos de los animales y presume haber logrado suspensiones judiciales de corridas de toros en distintos puntos del país.
El Paseo del Buey, es un animal que es bendecido, adornado y cuidado durante el recorrido. Su destino final es el rastro, como ocurre con miles de reses todos los días para el consumo humano. Aquí no hay sadismo ni provocación, reducir todo eso a una narrativa de crueldad es una actitud muy barata.
Defender a los animales no puede significar borrar de un plumazo las tradiciones de comunidades enteras ni descalificar su fe. Mucho menos imponer una visión única desde el litigio estratégico, presionando jueces y tribunales para redefinir prácticas culturales y es que en nombre del progresismo se está cayendo en excesos. La cancelación cultural, borrando toda tradición que implique animales es automáticamente inaceptable, sin analizar su función, su significado ni su arraigo.
Corregidora no necesita que desde fuera le expliquen su historia, ni que le dicten qué puede o no celebrar; Jeronimo Sánchez, se auto asume como héroe pero se puede topar con un pueblo que lo puede declarar no grato en Querétaro. Las fiestas de El Pueblito no son un acto de barbarie y atacarlas desde el activismo mediático no construye una mejor relación con los animales, solamente nos recuerda que una parte de la generación de cristal es muy delicadita.
Activistas intentan posicionar un hecho como un abuso de autoridad y es en realidad, una politización del caso, un joven aprendiz de reportero se vio involucrado en una detención y no actuó como reportero en ejercicio, sino como parte activa que buscó intervenir y tensionar una detención en curso y el tema ha sido aprovechado por actores ligados a Morena para convertir un asunto operativo en bandera política.