La pista / La mili obligatoria
La Sedena plantea un esquema más corto —solo 13 sesiones sabatinas— para que los jóvenes puedan compaginar estudio, trabajo y responsabilidades. Pero reducir la carga no resuelve las preguntas de fondo: ¿Para qué hoy, en qué contexto y con qué propósito?
Para ellos, el SMN no era un rito cívico ni una formación de identidad; era un trámite que nunca tuvieron que enfrentar. Ahora será una obligación impuesta, no una decisión voluntaria, y esa tensión no es menor.
Hay otro ángulo que no puede ignorarse: durante décadas la cartilla militar era requisito para otros trámites públicos, desde ingresar a trabajos hasta solicitar el pasaporte. Era, en cierto modo, una obligación indirecta: si no la tenías, te cerraban puertas.
Otro punto es la infraestructura. Si antes el SMN atendía a miles sorteados, ahora deberá atender a cientos de miles. ¿Habrá instructores, espacios, supervisión y planeación? Modernizar no es sólo anunciar, sino sostener.
Lo que está en juego va más allá del uniforme, del desfile o de la cartilla. Se trata de definir qué significa pertenecer a una comunidad política. La lealtad a México no nace por decreto. Se cultiva con civismo, con oportunidades, con justicia.
“La mili obligatoria” puede ser una oportunidad educativa si transmitiese disciplina, trabajo comunitario, habilidades de protección civil y cultura de paz. Pero si se convierte en trámite colectivo exprés, será nostalgia por un modelo que México ya superó.
Lo importante no es obligar a servir, sino enseñar a pertenecer. Porque la nación no se construye con filas forzadas, sino con ciudadanos convencidos.

















