Desgobiernos
El país se desmorona por la incompetencia de gobiernos locales que han hecho que el territorio se pueble de cadáveres.
Hace unos días, sicarios torturaron y ejecutaron, también en Michoacán, a Bernardo Bravo, líder limonero harto de extorsión. Igual que Manzo, alzó la voz. Igual la acallaron. ¿Resultado? Nada.
El mismo día que asesinaron al alcalde, mataron a Alejandro Torres en la Ruana. Sobrino de Hipólito Mora, líder de las autodefensas, ejecutado en 2023.
En Michoacán ha habido ataques con drones: de los grupos criminales contra sus enemigos, pero también contra la población civil. Caminos minados. Desapariciones.
Un gobierno fallido.
Los presidentes que más gobernadores han removido fueron Lázaro Cárdenas y Carlos Salinas. En ese orden. Ambos removieron a casi dos decenas, cada uno.
Cárdenas lo hizo para sacudirse el maximato. Salinas, para librarse de la incompetencia, negociar o preparar sus reformas.
Hay mecanismos políticos y jurídicos para hacer una limpia indispensable en la República. Las afinidades o alianzas que se sostienen a costa del sufrimiento de la población se confunden con complicidad.
La gobernanza del país se está esfumando. La ejecución brutal de un valiente sólo se explica porque el crimen se siente intocable, pero también por una sociedad amedrentada y cobarde.
Con todo, algo ocurre en el subsuelo: paros de productores de maíz, transportistas, piperos. Médicos indignados de no atender niños. Damnificados presos de la furia y el desespero. Universitarios encendidos.
La frialdad es magnífica cuando se acompaña de acción. Hay sectores enteros por todo el país que se están desamodorrando.
La vara no sólo debe aplicarse a los de afuera: los de adentro, a veces, son más letales. Por eso una acción fulminante no sólo es válido: urge porque ejemplifica.
Lo reitera la sabiduría popular: más vale una colorida que mil descoloridas.
@fvazquezrig















