Guerra en el paraíso
Hasta hace unos meses, con todo el poder ya en sus manos, Morena y sus aliados creían vivir un sueño. El paraíso.
Ahora ya no parece tanto. Hay una guerra intestina dentro del oficialismo que, o se administra bien, o lo consumirá.
Las tensiones crecen, casi de manera inversamente proporcional a la caída en sus preferencias electorales.
Morena ha perdido 10 puntos de intención de voto en un año. Hoy ronda los 34 puntos. Fuerte, sí. Invencible, ya no. El problema es que ninguna oposición está capturando los votos en fuga, pero ese es otro cantar que abordaré próximamente.
Hay una guerra, soterrada casi siempre, estridente a menudo, dentro del oficialismo.
Los hechos hablan por sí mismos.
La remoción de Alejandro Gertz Manero le fue encargada a Adán Augusto López quien, tras operar, creyó que sus días de gloria habían vuelto. No fue así. Fue, a su vez, hecho a un lado poco después.
La presidenta ha ido ganando espacios para su hombre de confianza en el área de seguridad, Omar García Harfuch, en la fiscalía, en aduanas, en la UIF, en los estados.
El viernes despacharon —tarde— a Marx Arriaga, un impresentable comunista que se pensó independiente y prócer de lo que ellos llaman “el movimiento”.
Arriaga embistió públicamente contra otro moribundo: Mario Delgado, señalado por Estados Unidos, acosado con denuncias periodísticas. Testimonios lo ligan a operaciones inconfesables.
En lenguaje de terciopelo, el libro desnuda a una familia transformadora ignorante, corrupta y posiblemente criminal. A AMLO lo trata maravillosamente, aunque el subtexto habla de un hombre manipulable, terco, provinciano, chicharronero.
Con todo, la presidenta no ha seguido una máxima de Maquiavelo: a los hombres poderosos o se les mata o no se les toca.
Los hechos son demasiados y la precipitación de la crisis, inocultable.
La concordia de Eva y Adán se resquebraja.
La serpiente está suelta en el paraíso.

















