El quiebre de la política
La política ha perdido su credibilidad y su altura en todo el mundo.
Se trata de la gran crisis de la política en un siglo. Su consecuencia es la era de la inestabilidad.
Ésta, a su vez, ha traído una epidemia de incertidumbre, gestada por la disminución de la capacidad de gobernar y la parálisis en las funciones de gobierno.
Los virajes electorales han sido bruscos, el péndulo del espectro se desliza de izquierda a derecha extremas en todas las democracias.
China y la India, donde viven casi 2,900 millones de seres humanos —35% de la humanidad— tienen gobiernos que restringen las libertades de manera severa.
La inestabilidad global es el resultado del quiebre de la política.
Atestiguamos el retorno de la guerra. Una invasión terrestre en Europa que no se veía desde la invasión de Checoslovaquia por la URSS y el pacto de Varsovia en 1968. El genocidio en Gaza como resultado de un ataque artero y salvaje a Israel.
Recuperar la altura de la política, sus capacidades de construcción y su credibilidad es el más grande reto de nuestros días.
Sin política, queda el destino en manos del más fuerte.
Esta política, la del espectáculo, la simulación y la ocurrencia ha derivado en el gobierno de los peores.
Por tanto, no se trata de componer la política actual: hay que sustituirla por una nueva.
Es momento de empezar, antes de que sea demasiado tarde.













