El próximo sábado 22 de febrero tiene lugar la fiesta de la cátedra del apóstol san Pedro. Y se celebra este día porque era la fecha en la que los romanos acostumbraban recordar a sus difuntos, y puesto que la tumba del apóstol de las llaves se encuentra en el campo vaticano se le recordaba porque en su vida permitió a Dios hacer maravillas con él. Eso es lo admirable en la vida de todos estos personajes de la Historia de la Salvación: todos destacaban por sus innumerables flaquezas y limitaciones, pero su pequeñez, puesta en manos de Dios obtuvo resultados admirables. Una historia que parece repetirse en tantos actores de la Historia Sagrada, y de la cual Pedro no es la excepción.
Pedro era pescador y se encentra en el grupo de los que fueron llamados primero por Jesús. Se sabe que estaba casado porque uno de los milagros de Jesús es la curación de su suegra. Fue del grupo cercano, de los tres discípulos que tuvieron las confidencias y experiencias tan íntimas que los otros no pudieron compartir. Resalta por ser un temperamento inmediato, resuelto, de entrada, valiente, pero de un gran corazón.
Pronto el Señor lo puso al frente del grupo, entregándole las llaves. Está muy vivo el recuerdo de la traición en el momento del juicio y por ser un poco “cabeza dura” en muchas ocasiones, su carácter intempestivo que lo hacía estar contra algunas disposiciones de Jesús. Es bellísimo el cuadro final del IV evangelio en el que el Señor le confía el cuidado del rebaño. Pedro es la imagen de un discipulado, de aprendizaje lento y progresivo en el que, poco a poco, día a día y con paciencia se va dejando a Dios ser Dios mientras se pulen las propias limitaciones.
Su vida deja el reflejo impresionante que no se trata de ser perfectos para seguir al Señor, puesto que el seguimiento es un proceso de configuración con Cristo en el que el aprendizaje es continuo y progresivo, y que lo más importante es dejar que el Señor aproveche todo lo que se es para el servicio del Reino. Una fiesta especial para reconocer la grandeza de un Dios que se compromete a actuar con elementos bastante limitados, como son las vidas humanas, que, puestas en su mano, pueden llegar a ser impresionantes obras de arte.