Resulta que un sábado “ordinario” Jesús cura a un hombre, mayor de edad, de una ceguera que padece desde su nacimiento y que lo ha encadenado a vivir de limosnas. El centro de la discusión comienza con los vecinos que ya no reconocen al ciego y mendigo y lo llevan ante las autoridades porque todo esto ha sucedido un día en que no estaba permitido, el sábado. Tanto el que fue ciego como sus padres dicen sólo lo que saben, cuentan su experiencia a las furiosas autoridades que no saben alegrarse con el torrente de bendiciones que han descendido en favor del que fue ciego y ahora ve. Jesús no se quiebra la cabeza con razonamientos, no justifica si nació ciego por el pecado de sus padres o de él mismo.
El Padre no ha querido las tinieblas, desde el primer instante de la Creación ha suscitado el día, la luz, el sol. Su primera acción ha sido dejar fuera las tinieblas. Jesús, en sintonía con el Padre, ha venido al mundo como luz, para ser luz. Esto queda al descubierto en todo lo que hace, pero especialmente al devolverle la vista a los ciegos. Jesús realiza un signo bastante sorprendente: con su saliva en la tierra hace una especie de lodo que unta en los ojos del ciego. Y así, con esta masa en sus ojos lo manda a la piscina a lavarse. El ciego, contra todo pronóstico, lo realiza al pie de la letra y vuelve a ver.
El ciego estaba encadenado al linchamiento de los otros, a las conjeturas que los demás hacían de él. A los cuchicheos, tratando de ejemplificar la causa de su terrible padecimiento. Pero Jesús no participa de este murmullo. Se dirige a él de un nuevo modo, de manera diferente y lo hace un lugar teológico, el destinatario de los portentos y las grandes intervenciones de Dios. El relato del ciego de nacimiento habla del nacimiento de una persona. De una nueva creación. Cuando Jesús le pide que se lave le está insinuando que debe dejar sepultado en la piscina su antiguo ser. Para dar paso al hombre nuevo. Hay muchos que no se alegran con la novedad de vida de este hombre.
Jesús ha dicho de muchas formas que lo que él realiza es lo que le ha visto realizar al Padre. Por eso, en este relato lo vemos en medio de acciones extrañas, que nos remontan a la creación del hombre, salido de las manos del Padre. Eso es lo que Jesús hace siempre. Hoy también es el día en que trabaja el Señor para devolvernos la vista, para hacernos de nuevo, para crearnos incluso en nuestra adultez histórica.