La delgada línea
La línea que separa hechos recurrentes que hasta podrían parecer comunes y delitos graves es tan delgada, que romperla ocurre en tan solo un abrir y cerrar de ojos.
Pero –como decía– aplica para todo: una persona corrupta será una persona propensa a ser violenta, porque si no respeta las normas, explora el estirar esa liga en todos los terrenos de su vida diaria.
Por eso es tan grave que normalicemos algunas conductas que aunque sean frecuentes, no deben ser permitidas ni se trata de asuntos menores de la vida privada que no trascienden hacia otros ámbitos de esa persona.
A continuación hablaré en masculino sobre una forma de violencia que es más común de lo que quisiéramos, no porque no haya mujeres que también incurren en esta práctica, sino porque la tendencia es que es una conducta mayoritariamente cometida por hombres.
















