Las tablas de don Pancho
“Lo diré sólo una vez y no lo repetiré”, advirtió el profe Malacates al escaso público que lo escuchaba: Chon Tepochas, media cuchara de albañil, y Sidronio Vital, plomero de oficio. Un poco más allá, Carmelo, el cantinero, escuchaba de refilón.
“¡Por favor, detenga su inútil discurso, distinguido y estimado profesor!”, exclama Mané, quien en esos momentos entraba a la cantina.
“Permítanme echarme un trago, compañebrios, para inspirarme y explicar por qué digo lo que digo”, continúa Mané al momento que con una seña pide a Carmelo su dosis inicial de bacalao sin espinas.
Mi poderoso algoritmo podría concluir, a partir de la tabla de semejanzas y diferencias, si Conchita y tú formarían una feliz pareja o si, por el contrario, son muy disparejos como para arrejuntarse.
Por último, les diré que don Pancho solía decir que no es lo mismo cultivar la ciencia, que crearla.
Reflexionar para comprender lo que se ve y lo que no se ve.













