Tocables
El sistema no acaba de calibrar el daño que, cada dos días, le hace a su credibilidad la corrupción escandalosa, la violencia, el cinismo y la mentira.
Resulta ya inocultable la ola de corrupción que inunda a Morena.
Cada vez es más claro, además que, como en Roma, todos los caminos llevan a Palenque.
Esta semana fue la riqueza desmesurada de Adán Augusto López, político en estado terminal que aún no alcanza la etapa de aceptación de su deceso público.
A Adán (de Augusto no tiene nada) lo enreda, indestructible, su vínculo con Hernán Bermúdez Requena y “La Barredora”.
El Universal publicó la operación de Bermúdez bajo el gobierno de Adán: secuestrar, llevar a Chiapas, torturar y desaparecer allá a personas de Tabasco. En ese entonces gobernaba —oh casualidades— el cuñado de López, el senador Rutilio Escandón.
El grado de vileza y cinismo se expone en el nombre que le dio Bermúdez Requena a la operación: “Sembrando Vida”.
En rueda de medios, tras la exposición de Televisa de sus millones, 79 millones en dos años, el tabasqueño trató de aplicar el manual del residente de Palenque: altanero, cínico, caradura. Sí soy muy rico ¿Y qué? “Es un ataque de la derecha”. Bla-bla-bla.
Son un par de bombazos a la coraza que ya se abrió. ¿Por qué? Porque las raterías, el cinismo y la torpeza, han demolido la presunta superioridad moral que pregonaban.
Ese es el núcleo político que se está desintegrando.
El pueblo había comprado una narrativa de honestidad, verdad y lealtad que daba a la nueva burocracia una supremacía ética sobre el pasado. Eso se acabó.
La gente comienza a saberse saqueada, engañada y, sí, traicionada.
Este hecho abre un sentimiento que ya registran los estudios y que es detonador de activismo político: la decepción.
Sin la coraza de superioridad moral, la nueva burocracia morenista vuelve a la tierra.
Morena es un pobre partido político más. Sus dirigentes son políticos-burócratas que llegan a robarse lo que encuentren.
Sus cuadros se mezclan con el hampa y fundan la República Criminal. Ya en la tierra, se acaba el mito de intocables, aunque ellos aún no lo crean. Llegó su turno. Y el nuestro.
@fvazquezrig















