diariodexalapa
Análisismartes, 6 de enero de 2026

El mensaje

La desgracia del pueblo venezolano comenzó hace dos décadas. Como un huracán, el populismo fue devastando instituciones y, pronto, un líder carismático se convirtió en dictador.

Hugo Chávez se aprovechó del descrédito de la clase política y de una bonanza petrolera para destruir la democracia que le había llevado al poder.

Antes, la gente olvidó —como ocurre frecuentemente— que Chávez siempre despreció a la democracia. Fue un golpista fallido. Usó el voto para después triturarlo.

Sus abusos más allá de la ley las sustentó con ingresos extraordinarios por petróleo (más de mil millones de dólares) y una gran capacidad de comunicación. Inventó un programa: ¡Aló presidente! un maratón semanal de horas y horas de propaganda.

El amasijo entre generales, narcos, FARC y una base social armada y adiestrada para el control político permitió todo tipo de excesos.

La tragedia terminó en 2013, pero, diría Marx, le seguiría una farsa.

Nicolás Maduro, escogido por un Chávez convaleciente, sólo estudió hasta secundaria, fue chofer y fue adoctrinado en Cuba.

Sin las capacidades histriónicas, la preparación, la astucia ni el dinero de Chávez, Maduro extendió durante doce años agónicos su dictadura.

Reprimió disidentes. Encarceló opositores. Finalmente, perdió su reelección y terminó gobernando, literal, por sus pistolas.

La dictadura populista cerró Radio Caracas Televisión, NTN24, CNN, Caracol y TV Azteca; más de 280 radiodifusoras, 155 diarios y más de 60 portales digitales.

La dictadura había tenido suerte. Primero, George Bush estaba distraído en su guerra con Irak y luego, Afganistán. Chávez sobrevivió a un golpe de Estado gracias a la intervención cubana. Gozó de un rally en precios de petróleo.

Pero la suerte, en política, frecuentemente se acaba.

Y aquí se les acabó en una fecha precisa: 20 de enero de 2025.

Cuando Donald Trump llegó al poder, anunció que derrocaría al régimen.

Las tragedias para las naciones llegan bajo las palabras “demasiado tarde”.

Así pasó.

Los venezolanos vieron demasiado tarde que habían llevado al poder a lo peor.

La dictadura vio demasiado tarde que Trump hablaba, fatalmente, en serio.

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