Análisismartes, 4 de julio de 2017
Xiqueñada
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Xico ya no soporta ese remedo de toreo que llaman xiqueñada. Sucede que hubo un año, en el mes de julio que, aprovechando las festividades religiosas, apareció un grupo de personas que inventó la tal xiqueñada con fines particulares de negocio, y no como preservación de ninguna tradición. La invocación a la tradición es una mascarada del tamaño del mundo.
Y así, en los últimos años, un enjambre urbano llegado de quién sabe dónde, ha venido fastidiando a los auténticos xiqueños, enjambre que, de acuerdo con sus caprichos, tiene tomada del cuello la paz de la ciudad. No la ahoga todavía, le perdonan la vida y la obligan a permanecer callada, aguantado, como dice un amigo xiqueño que sufre este vendaval de alcohol que nadie detiene, o no se tiene voluntad de detener, o no saben cómo hacerlo, o tienen miedo de hacerlo.
Ahora bien, si usted desea llevar a cabo una actividad ruidosa y masiva, le dicen que lo haga en las afueras, lejos del casco urbano, lo cual me parece muy acertado. Pero si usted quiere, sin consultar más que con los integrantes del enjambre, organizar la tal xiqueñada, no hay lo que se debe tener para decir que no, que por ahí no se va a poder. Para entender un poco de lo que estamos hablando, digamos que uno de los grandes problemas de ese espectáculo deprimente, aparte de los heridos y lastimados, es cómo solucionar el consumo callejero, desmedido, de alcohol.
Cada año, los vecinos de la calle de Hidalgo, padecen este problema urbano del espectáculo primitivo de la xiqueñada, que ha contado con licencia de la autoridad municipal para fastidiar. Entiendo bien a las personas que sufren el mazazo del escándalo, y de los ríos de alcohol que circulan impunemente. Deberíamos aprendernos de memoria, y recitarlos, aquellos versos del poeta español Bécquer: “Y entonces comprendí por qué se llora/ y entonces comprendí por qué se mata…” Porque ese ruido, esa provocación, ese maltrato y burla propinados a las vaquillas, esa destrucción de la calle (recién reconstruida) te lleva a todo lo malo. Por eso comprendo a los vecinos de la calle de Hidalgo que se oponen, protestan, y reclaman. Claro que los entiendo. No se vale que llegue un enjambre alcoholizado y se apodere de una ciudad porque le da la gana. ¿Dónde está la autoridad municipal? ¿Dónde está la Fiscalía estatal? ¿Acaso la Ley que prohíbe el maltrato animal ya se derogó? Para ponerse el traje de marca, cortar listones, salir en fotos, y hacer promesas, cualquiera es bueno. Lo que urge es una autoridad que haga uso de sus facultades y diga, con la ley en la mano, ¡alto a este maltrato de indefensos animales! y me tienen sin cuidado los votos y los vetos, pero a los vecinos no les va a amargar la existencia un grupo escandaloso que lo único que hace es beber, y gritar. ¿Qué es un problema de educación? Es posible, pero eso no se resuelve en tres días, entonces mientras llega la buena educación, que proceda en consecuencia la autoridad. Y que no se ande con miramientos. Si una autoridad civil es incapaz de poner orden y proporcionar paz y tranquilidad a los vecinos, es porque está dormida en sus laureles, o mira para otro lado. Veremos si cogen el toro por los cuernos.