La voluntad popular, es la suma de los votos de los ciudadanos, que determinan la construcción, la supervisión y el juicio de valor de la democracia. Por lo tanto, se deben integrar las leyes y sus correspondientes reglamentaciones, para que las instituciones creadas sean órganos serios, veraces, oportunos y democráticos. No debemos olvidar que nuestra Constitución establece que somos una República Federal. Si las reformas que exige el Poder Ejecutivo a un Congreso integrado por diputados y senadores del partido hegemónico en mayoría, llevan el consabido “visto bueno” (antes se decía: planchado), inferimos que los contenidos de la Reforma Electoral, favorecerán al gobierno en turno, es decir, pseudo socialista autoritario, que corrompen la democracia y buscan hacer florecer la dictadura, incluida la electoral.
Empecemos por los ciudadanos que integrarán los órganos electorales, ¿de qué partido político serán? Claro, del hegemónico. ¿Quién los propondrá? La jefa del Poder Ejecutivo Federal. No existe mapas curriculares para cursar la carrera de funcionario electoral, por ello, las funciones sustantivas en los procesos, son un fracaso y las cuentas que rinden, son falaces y no confiables. Es por eso que millones de ciudadanos no acuden a las urnas, por los fraudes y por el temor a la brutal violencia, que hoy padecemos. La definición de federalismo, otorga a los estados la competencia de elegir a sus autoridades. Los órganos locales al igual que el INE, requiere funcionarios altamente capacitados y con experiencia en la materia, no compadrazgos, ni recomendados. De cumplirse con este requisito, habrá elecciones confiables, limpias y veraces. Los Oples, son la denominación que se da a las instituciones que organizan las elecciones de los estados. Todos los ciudadanos exigimos que la Reforma Electoral reivindique nuestro régimen democrático, republicano y federal. Los mexicanos, hemos luchado por la Democracia y la Justicia Social, conceptos qué de suyo, contienen la libertad, los derechos humanos y la paz social. Por el bien de todos: educación universal de calidad, salud, pero equipados, limpios, con existencia de medicamentos y personal médico asistencial, vías de comunicación, bien proyectadas y ejecutadas, para que no se descarrilen los trenes y mueran tantas personas. Agua y más agua para toda la nación. Debemos elegir a los mejores para cada área de la administración pública.