Cambiar el relato
Si bien, es solo una historia, es la prueba de que más relatos positivos, inspiran a la gente para buscar soluciones comunitarias.
La inspiración es contagiosa. Al documentar una solución creativa a un problema social, estamos entregando un manual de instrucciones implícito para que otros hagan lo mismo en sus propias comunidades.
La empatía es el combustible de la acción social. Sin historias que nos la devuelvan, nos quedamos en sequía, atrapados (as) en un cinismo que nos paraliza. Publicar y consumir relatos de humanidad es, por tanto, un acto de resistencia y salud mental colectiva.
Publicar historias que inspiren es, en última instancia, un acto de resistencia contra el cinismo. Es recordarle al lector (a) que, detrás de cada pantalla y cada cifra, hay un latido humano que merece ser escuchado y, sobre todo, emulado.
Cambiar un relato negativo por uno inspirador no es ignorar la herida, es honrar la cicatriz enseñando cómo logramos sanar.
