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Análisisjueves, 30 de octubre de 2025

El cansancio en la Era del rendimiento

Sin embargo, esta actitud produce  fatiga emocional, un desgaste de la energía vital o del eros, la fuerza que impulsa a la vida, al entusiasmo y al vínculo con el mundo.

Al creer que somos inagotables, negamos nuestra naturaleza de seres limitados que necesitan descanso, pausas y momentos de auténtico ocio. Tiempo para la reflexión y la contemplación de lo simple. 

Recuperar el descanso, el silencio y la contemplación no es un lujo ni una pérdida de tiempo, sino un acto de sabiduría y resistencia. Es el único medio para reconectar con el “ser” cuando no estamos haciendo algo. 

Al creer que todo es posible, se genera una presión interna devastadora. El agotamiento es, por lo tanto, el colapso de un organismo finito ante el mandato de la infinitud. 

La propuesta es reemplazar la autoexigencia por el autocuidado. Ir de la presión destructiva a la autocompasión y el diálogo interno amable. El verdadero crecimiento no surge del castigo, sino del cuidado de la propia existencia.

El llamado es a recuperar el sentido de la mesura y a valorar el esfuerzo, no como un fin en sí mismo, sino como un camino consciente hacia una vida verdaderamente floreciente y humana. 

Una autoexigencia sana se asemeja a la disciplina del artista que busca mejorar su obra; una autoexigencia patológica es la tiranía del verdugo que nos impide disfrutar de la obra de nuestra propia existencia. 

No es en la acumulación infinita de logros donde puede encontrarse el sentido de la vida, sino en la aceptación de nuestros límites y en el reconocimiento de nuestra humanidad falible, pero auténtica.

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