En la primera parte de esta columna editorial, abordé cómo la triple crisis planetaria nos obliga a crear soluciones reales y de impacto en la mitigación de gases de efecto invernadero y cómo justamente se han generado muchísimas expectativas con tecnologías que prometen mucho pero que aún mantienen muchos huecos y dudas en los aspectos técnicos y regulatorios, que requieren investigarse con mayor profundidad y nivel de detalle, pero ese no es el problema, el riesgo radica en que esta investigación puede usarse como excusa para seguir retrasando lo esencial: las soluciones basadas en la naturaleza y el compromiso en la reducción de emisiones desde la fuente, es decir, la captura de carbono no sustituye de ninguna manera la responsabilidad de reducir emisiones desde el origen.
El encanto por las soluciones tecnológicas tiene el riesgo de estancarse en una discusión sobre la captura de carbono más que en en una transformación administrativa y estructural que verdaderamente pudiera impactar e incrementar la reducción de emisiones sin dejar de lado la política de adaptación; invertirle todos los esfuerzos a las tecnologías futuras pudiera ser científicamente peligroso o riesgoso; las evidencias actuales nos demuestran que las soluciones basadas en la naturaleza, restaurar y transformar los sistemas ambientales y productivos y la reducción de emisiones desde los procesos de origen, es lo que funciona.
Incluso podríamos decir, que la interrogante fundamental no es si la captura de carbono funciona como estrategia para atender la triple crisis planetaria, sino cómo evitar que lo que tanto promete nos distraiga de actuar con lo que ya sabemos que funciona pero no queremos asumir; sin duda alguna, la innovación tecnológica es necesaria e indispensable ante esta crisis, pero es importante tener claro que las herramientas más efectivas y funcionales no son las más apantallantes y espectaculares. ¿Confiamos en que la tecnología futura solucionará el problema sin modificar drásticamente nuestros sistemas económicos y sociales? ¿Estamos seguros de que la transición climática exige cambios más administrativos y estructurales profundos y trascendentes? Probablemente la respuesta más acertada sea una combinación de ambas rutas, sin embargo, si algo muestran los datos presentes es que esperar por milagros tecnológicos no es una estrategia prudente y sabia.