Análisislunes, 12 de septiembre de 2022
El Moche
Por: Francisco V. Lozano
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Por: Francisco V. Lozano
En días pasados acudí a un populoso establecimiento comercial donde venden alimentos preparados por los rumbos del periférico De la Juventud; al finalizar y habiendo pedido la cuenta, el mesero me sugirió dejara una propina del 20%, lo cual se me hizo extraño, preguntándole el porqué, me contestó que su patrón les había dicho que eso pidieran y si el cliente no aceptaba sólo le cobraran el 10%. Me di a la tarea de preguntar así, como despistado y no queriendo la cosa, en muchos otros establecimientos sobre el mismo tema y esto fue lo que encontré.
Primero, existe una práctica (ilegal) de los patrones de pedir una cantidad monetaria a los meseros producto de las propinas (un moche), situación que antes de ser contratados entendían y aceptaban los trabajadores y de no acceder simplemente no son contratados. Segundo, una inmensa mayoría no tiene acceso a los derechos sociales como IMSS, Infonavit, etc.; tercero, que sus horarios laborales siempre se incumplen otorgándole al trabajador mayor carga de trabajo; cuarto, en algunos establecimientos ni salarios tienen y sólo trabajan por propinas; y, por último, que hasta menores de 15 años trabajan en este sector de la economía.
Retomando el primer factor la Ley Federal del Trabajo en su artículo 346 dice: “Las propinas son parte del salario de los trabajadores a que se refiere este capítulo en los términos del artículo 347. Los patrones no podrán reservarse ni tener participación alguna en ellas.” Y el Artículo 347 expresa: “Si no se determina, en calidad de propina, un porcentaje sobre las consumiciones, las partes fijarán el aumento que deba hacerse al salario de base para el pago de cualquier indemnización o prestación que corresponda a los trabajadores.
El salario fijado para estos efectos será remunerador, debiendo tomarse en consideración la importancia del establecimiento donde se presten los servicios”. Entonces tenemos una pérdida del ingreso de los trabajadores y un aumento de la riqueza de los patrones producto de las propinas que ilegalmente retienen. El sector restaurantero es uno de los que más contribuyen al incremento de inflación por lo desmedido de sus precios, con ganancias exorbitantes, donde los patrones se apropian del producto del trabajo de sus empleados en la mayor de las impunidades y aun así, quieren más.
Esta anomalía (ilegal) no es un aspecto cultural, no era así antes ni debe seguir practicándose, es una imposición que afecta el consumo y nivel de vida de la gente que se emplea en esos lugares. Esta práctica sectorial es una muestra más del grado de corrupción, en este caso de un grupo social (restauranteros). Si al trabajador le van a cargar todas las pulgas como coloquialmente se dice, al menos debería entenderse que no le hacen ningún favor y que si por algún motivo las autoridades son omisas no significa que sea parte de nuestra cultura ni bonitas tradiciones. Si la gente lo acepta será una cuestión personal, pero en términos económicos sólo demerita el crecimiento y desarrollo de una comunidad.