En el escrito pasado definimos el concepto marginalista utilizado en la economía y el mundo empresarial, hoy veremos cómo lo aplica un gobierno en sus políticas públicas y las externalidades que les ocasiona a los ciudadanos. El ejemplo más claro lo tenemos en la ciudad de Chihuahua en lo referente a la movilidad urbana.
Utilizando la primera lección de la economía “cualquier elección es óptima bajo ciertas restricciones” vemos como en los últimos dos sexenios la inversión en el transporte público ha sido casi nula. Sin inversión la solución óptima fue incentivar el uso del vehículo particular. Empezaron otorgando concesiones–uso de suelo-para gasolineras donde nadie imaginaria que podrían existir y como en la cadena de tiendas Oxxo, una cada 500 metros.
Luego abrieron el concepto de turbo glorietas pintando una línea circular en cruces de cuatro altos para “generar” mayor movilidad. Por último construyeron algunos puentes que sirvieron para mejorar su imagen política y agilizar un poco el trafico vehicular. La explosión del parque vehicular se potencializo.
Los concesionarios de la noche a la mañana realizaron sendos negocios, todas las familias ocupaban uno o dos vehículos para trasladarse por la falta de transporte público. Los contratos gubernamentales con los concesionarios no se hicieron esperar y se generó una economía de mercado en lo referente al transporte público. A la par las empresas refaccionarias y los talleres crecieron pues había un mercado que atender y se generó un costo adicional para los ciudadanos, mantener su propio vehículo.
Esta solución se pudo haber planteado como una alternativa social bajo el argumento de que los ciudadanos incrementaran su patrimonio con la adquisición de un vehículo pero tenía que cumplirse una condición mínima: mantener las vialidades en perfecto estado. Esto no fue así y con una ciudad destruida en sus vialidades la justificación social se vino por tierra quedando simplemente el pensamiento marginal –los negocios desde el Estado- mientras el ciudadano se las arreglaría como fuera –solución óptima- para trasladarse, generando una externalidad negativa para el ciudadano.
Esa fue la primera le siguieron más situaciones negativas como la falta de lugares de estacionamiento, el congestionamiento vial, la contaminación generada por la expulsión de gases producto de la combustión de gasolina, la sicosis social por la falta de señalamientos, ordenamientos viales, el pago de seguros, etc.