En columnas anteriores he compartido sobre la regulación y el marco ambiental normativo que México tiene y cómo, el incumplimiento de éste, conlleva sanciones y una responsabilidad ambiental, administrativa y civil; pero, más allá de éstas sanciones, ¿qué ocurre con aquellas empresas y sectores productivos que no incorporan estrategias y principios ESG dentro de sus esquemas productivos y de negocios? En los últimos años, la integración de estándares ESG se reconoce como una herramienta estratégica para impulsar la sostenibilidad y la resiliencia empresarial y la tendencia continúa, de modo que forma parte determinante del valor real empresarial, en este sentido el no integrar estos principios y estándares, que en la mayoría de los casos son voluntarios, implica un riesgo financiero que puede representarse en pérdidas económicas por sanciones, por remediaciones y reparación del daño y/o restricción de acceso a financiamiento y capital y esto significa pérdida de competitividad empresarial.
Con la evolución de este mecanismo que ha permitido reorientar la sostenibilidad corporativa, las entidades financieras e inversionistas en el mundo están cuidando el destino de su dinero, de modo que al incorporar métricas ESG como parte de los indicadores para el análisis financiero, quien no cumple con éstas métricas simplemente se queda sin financiamiento o con financiamiento con tasas de interés más altas, ya que se percibe como una institución con un alto riesgo socioambiental y operacional; la transición verde y la economía circular están moviendo cantidades importantes de dinero, de modo que no incorporar principios ESG puede dejar rezagadas a estas empresas. Desde otra perspectiva, las pérdidas económicas por enfrentar multas y/o sanciones en aquellos casos en que se presenta un incumplimiento legal, le afecta de manera directa al tener que pagar dichas multas pero también de manera indirecta puesto que pueden quedar fuera de ciertas cadenas de suministro y verse restringidas en algunos mercados internacionales; además, la reparación y remediación siempre será más costosa que la prevención. Otra de las implicaciones sería el riesgo reputacional y la pérdida de confianza en la marca, que si bien, no es lo más importante desde la responsabilidad ambiental, si lo es en términos de mercadotecnia y en el trinomio de la sostenibilidad; reconstruir una reputación dañada siempre será más costoso que invertir en la prevención.
Entonces, más allá del cumplimiento ambiental, el no integrar las estrategias ESG ya no es un problema de imagen, sino que es un riesgo financiero tangible que afecta la rentabilidad, la continuidad y el acceso a mercados. Las empresas que no previenen enfrentan más regulaciones, pierden clientes y se exponen más a crisis operativas y reputacionales. En un mundo donde la sostenibilidad es parte de la infraestructura económica, el precio de limitarse a cumplir solo lo mínimo indispensable sale mucho más caro.