El síndrome de Pajom
“¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia.” —Epicuro
¿Cuántas veces hemos pensado lo mismo? Que sí somos felices, pero que lo seríamos de verdad si llegara algo más: un mejor trabajo, una casa, un coche, un viaje, un posgrado, un ascenso. Tolstói entiende muy bien esa trampa: no hace falta que el demonio aparezca con cuernos; basta con que nos susurre al oído que todavía no es suficiente.
Ésa es la herida del cuento. No condena el trabajo ni el deseo de vivir mejor; advierte sobre ese punto en el que la ambición deja de impulsarnos y comienza a devorarnos. Porque una cosa es querer más, y otra, muy distinta, no tener límites.
En tiempos de guerra y de ambición desmedida, quizá la pregunta importante no sea cuánto más podemos conseguir, sino cuánto estamos dispuestos a perder por conseguirlo. Siendo así, mucho cuidado con condicionar la felicidad al cumplimiento de todos los deseos o caprichos.
Voy y vengo.
















