Ensayo y error en nuestra vida
La filosofía puede darnos algunas orientaciones en nuestra vida cotidiana. Como ejemplo está la idea del falsacionismo en el desarrollo del conocimiento científico. Básicamente, se trata de comprender que enfrentar los errores nos conduce al crecimiento o desarrollo.
Fue gracias al trabajo del filósofo de la ciencia Karl Popper (Viena, 1902- Reino Unido, 1994) que el racionalismo crítico ocupó un lugar sobresaliente en la filosofía del siglo pasado. Dicho filósofo es recordado sobre todo por su propuesta y defensa del falsacionismo.
Se trata de un pensador que cuestionó la manera en que la ciencia nacía y se desarrollaba, criticando las teorías que desde el marco del positivismo lógico se elaboraban en torno a la actividad y los resultados de los científicos.
Para Popper, el conocimiento científico se va moldeando a través de un proceso de ensayo y error en el campo de la investigación, en donde se trabaja sometiendo a prueba los intentos de solución y, a la vez, se van excluyendo aquellos intentos que fallan.
El error, la equivocación, se encuentra, por lo tanto, en el centro del desarrollo científico. La ciencia, entonces, avanza gracias al aprendizaje que deja el error. “No, nos por ahí”, sería una frase coloquial ante el fracaso de una hipótesis.
Bueno, ¿y si fallamos? Si fallamos hay que investigar en dónde estuvo la falla, reconocerla y proceder a la autocorrección (del sistema de creencias o de procedimiento). Luego podemos arriesgarnos otra nueva empresa.
No digamos que estamos derrotados y que no ganamos nada con someter a prueba lo que hacemos o pensamos. Darnos cuenta de que cómo lo propusimos es un error, ya es una ganancia grande: aprendemos que “por ahí no es”.
La vida es riesgo. Todo lo que hacemos o creemos siempre está en riego. El riesgo de la equivocación es muy humano. Solo los necios se empeñan en asegurar que nunca se equivocan en sus empresas. El aprendizaje que dejan los errores hace que valga la pena ensayar.
Ensayemos, pues, cada día, cada mes, cada año. La vida nos puede dejar aprendizajes profundos por el simple hecho de hacer o pensar por nuestra cuenta. Y, ¿cómo saber si lo que hacemos o pensamos es o no es sólido si no lo ponemos a prueba?
Progresar, según lo expuesto, debe mucho más a los errores aceptados que a otra cosa.















