Próximamente se va a celebrar en todo el mundo el 14 de febrero, día del amor y la amistad o San Valentin, el santo, no Elizalde; pero un poco antes, exactamente el 12 de este mes, se llevará a cabo la conmemoración del “Día Internacional para la Prevención del Extremismo Violento cuando Conduzca al Terrorismo”. En este día, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante una resolución del año 2022, se reafirma el compromiso de los países que forman parte de la ONU para adoptar medidas preventivas y acciones para hacer frente a la propagación del terrorismo en el mundo, respetando al mismo tiempo todas las obligaciones que nacen del derecho internacional público; sí, ese derecho que, aunque en estos días no se ha respetado mucho, todavía existimos románticos que creemos en su utilidad y eficacia.
El problema para entender qué es el extremismo violento, radica en que no es un concepto que utilicemos en nuestro país —afortunadamente—, de hecho, no se cuenta con una definición clara y precisa sobre lo que implica. Ni las Naciones Unidas ni la Unión Europea cuentan con una definición oficial, la extinta Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) definía al extremismo violento como: “abogar, participar, preparar o apoyar de otro modo la violencia ideológicamente motivada o justificada para promover objetivos sociales, económicos o políticos”. Sin embargo, dicha conceptualización nos lleva a preguntarnos si puede ser realizada por actores privados, pero también públicos, o ¿cómo diferenciar a los extremistas violentos de otros actores de conflicto con una causa legítima? ¿la delincuencia organizada mexicana entraría en este concepto?
La duda también estriba en si estamos ante un concepto relativo, que depende de cada país o región, incluso si es descriptivo solo de cierta religión. Por ejemplo, actualmente existe una tendencia a asociar dicha forma de violencia con grupos terroristas como el Al-Qaida, el Estado Islámico y Boko Haram, conteniendo por ende, una fuerte carga de discriminación religiosa en el fondo, es decir, nadie puede negar que en los medios de comunicación y generalmente en la sociedad occidental, se considera que estos grupos, al emitir un mensaje de intolerancia religiosa, cultural o social, comparten los mismos valores que cualquier persona que comparta la religión musulmana en el mundo, lo cual es absurdo.
El término extremismo violento se aplica en el ámbito internacional de forma mucho más restringida, es decir, normalmente se aplica solo a la violencia islamista, ignorando las muchas otras formas de violencia ideológicamente motivada o justificada que afectan a los países. Es importante no caer en la tentación de generalizar cuando se trata de este tipo de violencia, sobre todo ahora que nuestro país se está convirtiendo en un crisol que recibe gente de muchas partes del mundo, apliquemos el San Valentin todos los días, con todas las personas.