Hay que desalinizar el agua
La protesta rural por la reforma a las leyes del agua ha suscitado inquietud y ha hecho que se sumen a ella algunos grupos y organizaciones del campo, no la mayoría, por cierto.
La ley salinista propició la sobreexplotación de acuíferos y de cuencas hidrológicas, la mercantilización del agua y la concentración de concesiones en todo el país, pero sobre todo en el estado de Chihuahua. Algunos datos básicos:
De cada 10 litros de agua concesionada en nuestro estado, 8.7 van a la agricultura cuando a nivel nacional son 7.5 litros. De los 4 mil 796 millones de metros cúbicos destinados al uso agrícola, 2 mil 750 millones provienen de aguas subterráneas y más de dos mil millones de aguas superficiales.
Incluso hablando sólo de los pozos legales, hay una grave concentración del volumen de agua del subsuelo: de los 14 mil 594 pozos agrícolas legales que hay en el estado, los productores menonitas concentran 4 mil 794 pozos y extraen el 24.3% del volumen de agua y 123 grandes empresas agroindustriales tienen 569 pozos y extraen el 8% del agua.
También se sobreexplota el agua superficial, de los ríos y de las presas. En total, se calcula que en la zona de distritos y unidades de la cuenca del río Conchos y sus afluentes hay unas 20.000 hectáreas que posiblemente están regando sin registro o título de concesión para el agua superficial o subterránea.
Toda esta sobreexplotación amenaza la sobrevivencia de la agricultura chihuahuense y también el suministro de agua potable para las ciudades. Los acuíferos que surten a la capital del estado, a Juárez, a Cuauhtémoc o a Parral, sólo por nombrar algunos, están ya seriamente sobreexplotados.
Por todo esto, es necesario derogar o reformar la ley salinista del agua, porque propició la concentración, la corrupción, la sobrexplotación y el mercantilismo. Y, sobre todo, porque amenaza el derecho al agua potable de casi 4 millones de chihuahuenses.
O la nueva ley, o la sed.

















