La izquierda clásica nació del marxismo bajo la premisa de que era necesaria la dictadura del proletariado para llegar al gobierno perfecto. Nunca se pensó en qué se haría si el grupo o caudillo gobernante abusaba del poder. Por otro lado, si los defensores de esta ideología política están a favor de que los medios de producción estén en manos del Estado, no hay mucha diferencia en que el Estado esté facultado para, arbitrariamente, mandar a los medios de producción, cómo, cuándo y dónde producir, lo que lleva a que cualquier clase de dictadura, por definición, sea de izquierda.
Si a lo anterior añadimos el apoyo incondicional a dictaduras como Venezuela, Nicaragua o Norcorea, o simpatías hacia monopolios políticos como China o Rusia, pues no hay duda cuál es el tipo de ejemplos que se desean imitar, y de que no hay disposición por corregir, adaptar o desechar los elementos arbitrarios, anticuados o claramente opuestos de la ideología neomarxista contra la dignidad humana frente al bien común y a los contrapesos institucionales, según la moda política o el interés de los gobernantes y de los beneficiados por los favores del régimen.
Y si no conformes con esto, se agrega la falta de transparencia bajo la justificación de la “seguridad nacional” de cualquier proyecto gubernamental y la tradicional falta de opacidad de las fuerzas armadas como administradoras de obras públicas, del dominio del poder judicial sometido al poder legislativo, pues tendremos todos los incentivos perversos para la receta perfecta de la corrupción, contra lo que dijo el partido oficial que combatiría, pero llevó al más costoso caso de corrupción de la historia reciente de México: el huachicol fiscal, al menos 14.9 mil millones de dólares (2018-2024).
Sólo se persigue a peces pequeños con rapidez, pero si se estima que el huachicol fiscal aumenta volumétricamente en época electoral (2021-2024), de acuerdo a Francisco Barnes de Castro, experto en energía, exrector de la UNAM y miembro del Observatorio Ciudadano de Energía, el desfalco de SEGALMEX, o la supuesta vinculación del líder del senado, Adán Augusto López con el crimen organizado en Tabasco, ¿por qué la justicia tarda para los peces grandes? ¿por qué el cambio de cuerda con García Luna? No puede sorprendernos los escándalos de corrupción conocidos.
¿Se puede argumentar que estos son los únicos casos de corrupción? ¿Sólo hay algunas manzanas podridas en la coalición en el poder? Sería la típica estampa priísta: sin estado de derecho para maximizar un entorno habilitante de la impunidad. Teniendo todo el poder, ya no hay pretextos, y más con Estados Unidos encima de Venezuela. Paguemos por ver qué pasa después de la captura de Maduro.