“Sin inversión no hay futuro”
La economía mexicana está mandando señales de auxilio. Los datos más recientes confirman una realidad dura: la inversión pública se desplomó un 33.7% entre enero y agosto de 2025, su peor caída en tres décadas.
Lo que en los gráficos luce como una línea descendente, en la vida real se traduce en carreteras que no se construyen, hospitales detenidos y empleos que no llegan.
Sin inversión no hay desarrollo. Pero más allá de repetir la consigna, hay que entender lo que implica para las nuevas generaciones: menos inversión hoy es menos movilidad social mañana.
El golpe silencioso.
Mientras el debate político gira en discursos, la realidad económica se erosiona.
El gasto en infraestructura básica, agua y alcantarillado cayó más de 75%.
No es una cifra técnica: es el reflejo de un país que pospone su futuro para pagar su presente.
México Evalúa advirtió que no se recortó el gasto corriente, sino la inversión, el motor del crecimiento. Pagamos sueldos, pero dejamos de sembrar productividad.
Y eso pasa factura: el empleo formal crece lento, la productividad se estanca y la competitividad del país se debilita.
Si esto continúa, la meta del Plan México —elevar la inversión al 25% del PIB hacia 2026— quedará solo en el discurso.
Una generación que puede cambiar el rumbo.
Esta columna no busca pesimismo, sino conciencia.
La generación que hoy emprende, programa, diseña y crea empresas debe entender algo: la inversión pública es el suelo sobre el que se levanta todo lo demás.
Sin infraestructura, energía confiable o conectividad, no hay startups que despeguen ni regiones que prosperen.
Urge una política económica con visión de futuro, que deje de ver la inversión como gasto y la asuma como apuesta estratégica.
Y nosotros, como sociedad, debemos exigirlo: queremos un país que construya, no que administre su inercia.
Todavía hay tiempo.
México puede levantarse si combina visión, apertura y confianza.
El potencial sigue ahí: talento joven, energía y una ubicación privilegiada. Pero ese potencial solo florece con inversión.
Si el gobierno corrige el rumbo, el sector privado vuelve a apostar y los jóvenes exigen políticas inteligentes, México puede encender su motor y competir en las grandes ligas.
Pero hay que hacerlo ya, porque el reloj económico no se detiene.














