El agobio de las muletillas
"Cada persona es dueña de su silencio y esclava de su palabra”
Palabras o frases que son repetidas con frecuencia por quien intenta plantear una idea, para la cual no encuentra o no tiene las palabras necesarias o acertadas, porque no las conoce.
Así que al usar “muletillas”, empobrecemos el idioma y la comunicación, ya que son expresiones innecesarias, que no llevan implícito ningún valor o contenido informativo.
Frases que no tienen sentido, ya que se emplean solo por hábito y hemos aprendido o escuchado en casa, en la escuela, en alguna reunión o en el trabajo y por supuesto que todos las usamos.
Curiosamente quien las expresa, será el último en percatarse que las usa, con el riesgo de convertirse en una manía difícil de erradicar.
Lo peor es que se pronuncian automáticamente y quienes las escuchan de alguien, pueden apropiarse de ellas, por lo que conseguir controlarlas en la expresión oral, es bastante difícil.
Las muletillas varían según factores emocionales, socioculturales, geográficos, tradicionales o estilísticos; las siguientes podrían ser un ejemplo de las más comunes:
Desafortunadamente estas expresiones se siguen escuchando por oradores o académicos, incluso también en programas de radio o televisión, y que por supuesto influyen en la población.
El nombre genérico de “muletillas”, es porque se usan para articular una frase coja y servir de partículas auxiliares en el intercambio de información verbal, pero se abusa de ellas, para "apoyarse" en frases que carecen de todo sentido.
Las muletillas también son conocidas como: coletilla, latiguillo, bordón, bordoncillo, ripio o bastoncillo, palabras que se repiten frecuentemente por rutina y resulta imposible dejar de hacerlo.
La realidad es que nada esta estático, y el lenguaje también evoluciona con rapidez, igual sucede con las muletillas que cambian con los años, aunque la mayoría puede perdurar por generaciones.
A estas alturas, se conoce que cada generación disminuye más en su léxico, por el número de palabras que hereda de la anterior.
Casi todas las palabras utilizadas como muletillas, podrían tener un valor semántico como cualquier otro vocablo cuando, se usan con mesura en un contexto coherente, de donde se deduce que su transformación no depende del significado, sino del sentido.
De tal forma que el uso excesivo de muletillas, no aportan nada, carecen de una función idiomática específica y simplemente son innecesarias.
La realidad es que a largo plazo, corremos el riesgo de quedarnos con el agobio de seguir usando muletillas, todas ellas carentes de significado, y entonces podríamos preguntar;
¿Por qué las seguimos usando?
¿Dónde quedó el objetivo de aprender a leer y escribir, cuando llegamos por primera vez a un salón de clase?












