Artilugios | Levantarse a vivir, de Erwin Macario
Agradezco profundamente la inclusión en su libro Levantarse a vivir de Erwin Macario, periodista, escritor, valuador de la época, así como amplio cronista que sí escribe. No como otros.
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Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónEn fin, leyó mi libro Crónicas de San Monté que ya ansía una reedición claro y lo reseñó con gusto y buena voluntad, lo cual en estos momentos en que la envidia, cuyo mayor homenaje es rendir honores al talento, anda por todas las calles, los cafés, las oficinas indistintamente se dé en mandos superiores o inferiores, que un colega de la pluma se sirva dedicarme al menos 6 páginas de su amplio libro de más de 300 debe considerarse un honor. No el de la envidia, claro.
Erwin es uno de esos infaltables a la mesa de la poesía tabasqueña. Su lugar, como el de todos los que nos sentamos en ella, se ganó por su dedicación al oficio. En su haber existen cuando menos tres libros; uno de ellos que me encanta decir que lo tengo porque casi es inconseguible, es una serie de reseñas, sí, pero de reseñas rayanas en la literatura. Se deben a él muchas opiniones que socavaron, dentro de lo posible, muchas disposiciones culturales o políticas.
Macario es un transgresor, como buen reseñista, de lo establecido. Encontrar una lisonja es porque realmente la merece el reseñado. Sus palabras viajan dentro de la Historia, la historia y el recuerdo. El recuerdo es la memoria de aquello que hombres como Macario refrendan en cada escrito. Alguna vez lo escuché decir, con esa sonrisa de dientes para afuera, como si se riese de sí mismo, cuando ocurrió ese cambio de administración que acabó con el nemismo, y con Tabasco casi, y que trajo como gobernador a Manuel Gurría. En este momento, decía Macario, todas las pistas están cerradas, solo expertos pilotos aviadores como yo podemos aterrizar sin peligro. Eso lo define como un artero satírico que deviene a los postres en ese banquete de la Literatura tabasqueña. Lo vi en casa de mi querida amiga Hilda del Rosario llevando una enorme charola de bocadillos y gritando ¡Ya llegó Camachito!, como aquel otro viandero de tiempos pasados.
Levantarse a vivir es una autobiografía de sus muchas lecturas, de sus muchos tiempos, de sus muchos estilos, de sus muchos amigos. Erwin Macario goza de muchos de ellos. El más interesante es cómo conoce y desmenuza a cada uno de sus reseñados así como la nota de eventos, crónicas, devenires, imágenes de Villahermosa que solo existe en su imaginación… o la mía.
El libro acude a eso, ese momento del espectador, lector en este caso, que se divierte recordando, se anima conociendo, se disfraza del cronista y se da cuenta que ese tiempo, el de la crónica de Macario, es un tiempo felizmente amargo. Recuerda a Chema Bastar por ejemplo. El joven Macario, recordando al viejo poeta, ese que cantó a la choca, a Tabasco, al epicúreo reino del folclor. Lee a Neruda, siempre lee a Neruda, dice emulando al poeta Pellicer. Habla de comida, de eventos, de espectáculos. Es como si un breve diccionario, en estos horridos tiempos de Google, se saliera del estante y saltara frente al lector diciéndole, No me olvides, no me olvides. Escribe sobre Pedro Luis Hernández Sánchez, el cronista que hizo una creación del cabo de guardia. Habla de Bertha Ferrer a quien conoció seguramente, en los tiempos en que ella era puente de artistas hacia los altos mandos. Habla de Marco Antonio Acosta y de muchos otros amigos ya idos, ya llegados, de algunos que nunca faltan y no es porque se les extrañe. Macario es hombre de libros, para muestra un botón.
Cita a todos los grandes clásicos del mundo, no a Murakami o Bauman que solo citan los políticos para hacerse los intelectuales. Macario es hombre de libros, sus amplias lecturas lo confirman, su conocimiento es enciclopédico, no debemos dudar cuando leemos alguno de sus artículos. Macario es hombre de libros, para muestra, otro botón. Al escribir en la barra de Google su nombre, apareció la portada del libro Macario, el cuento hermoso de día de muertos de B. Traven. Y para Google no hay coincidencias, recordémoslo.
El libro Levantarse a vivir debe su título a un poema de Jaime Sabines, donde hablar sobre los muertos es cosa de todos los poetas, y dice que en una casa de reposo para los muertos hay que llevarles ritmos, música, poesía para que, más de uno se levante a vivir. Libro de crónicas, de aciertos, de reseñas donde el guiño se pudre para recobrarse, para volver a ser maduro y florido, Levantarse a vivir es el instante donde un pergeñador de cultura reescribe la historia de ese ámbito maldito que encerró cultura, artistas, historia. Feliz encuentro.
Por cierto, quien debía leer un libro de repente, de texto gratuito o no, debería ser el dirigente nacional del PAN pues su propuesta de quemar o arrancar hojas de los libros, cualquiera sea su procedencia, raya en el fanatismo, en lo nazi, en la maldad, en la desdicha de ponerse por sobre la ignorancia, en abusar de los que nunca han tomado un libro en su vida, sino los de texto.
¿Qué se cree el señor Marko Cortés? Supongo que es un compinche hitleriano, porque ni siquiera puedo decirle que es un pequeño Hitler, más bien es un estúpido intolerante. Prueba de su intolerancia, del resultado de sus diatribas y ofensas es la quema de libros hace unos días en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.
Ahí está la muestra de la intolerancia, de lo malvado y perverso de su comentario, señor Cortés. Espero que nuestro amigo Erwin haga una reseña igualmente de estos hechos que, aunque del vecino estado, hacen mella en la terrible realidad que vive el país. Dejemos eso ahí porque me dan ganas de tirarle una columna de libros de texto gratuito encima al señor dirigente del PAN.