elheraldodetabasco
Análisismiércoles, 6 de septiembre de 2017

¡Soyenca golpiza!

El ex gobernador Manuel Andrade Díaz recibió públicamente la peor tunda de su vida. Debe estar inconsolable, y no es para menos. Le dieron sin misericordia. No se tentaron el corazón. Se le fueron directo a la yugular.

Esta semana que está corriendo ha sido una pesadilla para el diputado plurinominal. Absolutamente nada salió bien.

No solo de la Torre Zurita pintó su rayita, también el delegado nacional del PRI, Jorge Salomón Azar García y hasta el dirigente municipal de Centro, Miguel Cachón Álvarez reprobaron su radical posicionamiento en torno a la inseguridad pública.

Nadie con dos dedos de sentido común va a embarcarse en un pleito que está perdido desde que Arturo Núñez Jiménez ganó la gubernatura. Con su experiencia y como ex mandatario tabasqueño debió saberlo mejor que nadie.

Desde un principio llevaba todas las de perder, empero, insistió en subirse al cuadrilátero y hoy está pagando las consecuencias de su terquedad, de su falta de madurez y manejo político.

En esta ocasión Andrade Díaz se pasó de la raya. Insinuó que el artero crimen del empresario Barceló Cazola había sido perpetuado por el gobierno y se soltaron los demonios.

El secretario de Gobierno, Gustavo Rosario Torres, se lo comió vivo. Si lo hubiera tenido enfrente lo devora a mordidas, lo hace pedacitos. Y es que hizo muy fuertes y delicados señalamientos en contra del priista.

Simple y sencillamente se pasó. Y tan se pasó, que ni replicó por teléfono, como acostumbra. Se escondió, se esfumó.

“SQUOD SCRIPSI, SCRIPSI”

(LO ESCRITO, ESCRITO ESTÁ)

A ocho años del salvaje crimen del académico y político José Francisco Fuentes Esperón y de su familia, todavía quedan muchas interrogantes en el aire.

Desde las primeras conclusiones del entonces Procurador de Justicia, Rafael González Lastra, todo fue confuso, sospechoso.

A nadie convencieron.

La sociedad política y civil sigue preguntándose si el muchacho, quien hace algunas horas salió libre, es el verdadero asesino de la familia Fuentes Arguelles.

Las opiniones al respecto están divididas, aunque la mayoría sostiene que fue un “Chivo Expiatorio”, pues la narrativa oficial presenta muchas grietas.

De ahí, precisamente, de que siga siendo considerado como un expediente inconcluso y con muchas aristas todavía por resolver.

En fin, descanse en paz, “Pepe” Fuentes Esperón, esposa e hijos.

Mañana se consume otra imposición más en el PRI. Sale Miguel Cachón Álvarez y llega Julio César Ponce Martínez.

Tres y van cero: Javier Díaz Hernández, Selene Mollinedo Rosado y Ponce Martínez.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

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