Mi carta al Niño Dios
Ese hermoso recuerdo lo quiero compartir con ustedes, a muchos años de distancia; porque aun siendo adulto en plena madurez, sigo siendo niño de corazón.
Veo que le ganó la curiosidad o que realmente usted también, como yo, tiene alma de niño; de una u otra manera le agradezco que siga atento a la lectura.
Querido niño Dios.
Antes que nada, gracias por haberme permitido vivir un año más y poder estar siempre al servicio de mis semejantes. Gracias por mi familia, mis amigos, por el trabajo, por hacerme tan feliz.
Esta navidad no te pediré nada especial para mí; más bien te quiero pedir algo para los demás.
Danos la unión; porque la unión nace con la paz y ésta acaba con la guerra; la unión nos hará solidarios, pacientes, comprensivos y misericordiosos unos con otros y viviremos mejor.
Dale a nuestros corazones la virtud del perdón para olvidarnos de los rencores; llénanos de prudencia, paciencia y tolerancia para que se aquieten las procelosas aguas de la violencia, el egoísmo y el abuso del poder.
A todos los que pasarán la navidad solos, tráeles tu compañía, tu amor, tu protección y que recobren la fe tí y no se separen nunca de tí.
Gracias. En ti confío.
Tu hijo que te quiere.
Abel.
Estimados lectores, gracias por su lectura y les deseo lo mejor en estas fiestas. Que Jesús esté presente siempre y en todo momento con ustedes. Por aquí nos seguiremos encontrando Dios mediante la siguiente semana en EL OCCIDENTAL.
