Una línea muy delgada
Una Voz desde Jalisco
Pero sobre todo que no cancelen las líneas de dialogo y evitar las etiquetas que estigmatizan. Porque no todo joven con el puño en alto es un enemigo del orden, así como no todo vidrio roto justifica la imposición de la fuerza.
México merece un gobierno que combine firmeza con prudencia, que reconozca su obligación de escuchar incluso cuando la calle incomoda. Porque la democracia no se debilita con la protesta: se debilita cuando el poder elige no escucharlo.
La calle seguirá ahí. Los jóvenes también. Lo único que está verdaderamente en juego es la capacidad del Estado para no pasar de la línea que nunca debe cruzarse, la de la intolerancia y la estigmatización.
















